Vivir en silencio: Una mirada a la rutina diaria
Pablo Taveras, un joven de 32 años con discapacidad auditiva, inicia su día el martes 24 de junio de 2025 en Santo Domingo. Después de su rutina matutina, se prepara para uno de sus cuatro trabajos. En su hogar, donde se habla lengua de señas además de español, comparte un momento con su hermana Josabet antes de que ella se dirija a la universidad. La noticia muestra un día típico de Pablo Taveras, quien vive como sordo en la República Dominicana.
Pablo Taveras, un joven de 32 años con discapacidad auditiva, comienza su día en Santo Domingo el martes 24 de junio de 2025. Su despertador, un “agitador de cama”, lo saca de su sueño a las 7:15 a.m. ubicado en su lado izquierdo, junto a su celular, marcando el inicio de un nuevo día.
Después de su rutina matutina, se prepara para enfrentar uno de sus cuatro trabajos diarios. En su hogar, donde se comunica en lengua de señas y español, comparte un desayuno con su hermana Josabet antes de que ella se dirija a la universidad. Así es la vida cotidiana de Pablo Taveras, quien vive como sordo en la República Dominicana.
Más tarde, se dirige a la Sociedad Bíblica Dominicana para su primera jornada laboral del día. Luego, llega a la Universidad APEC, donde se graduó en Publicidad siete años atrás. En esta ocasión, participa como expositor en una capacitación sobre cultura sorda y lengua de señas para docentes.
Con una presentación audiovisual dinámica y el apoyo de una intérprete, Pablo cautiva a su audiencia. Al finalizar su exposición, los presentes aplauden en lengua de señas, conmovidos y orgullosos. Pablo cierra su ponencia con un video que refleja la falta de inclusión en su experiencia universitaria, generando empatía y reflexión en los asistentes.
Tras la capacitación, algunos docentes se acercan a conversar con Pablo, utilizando sus teléfonos como medio de comunicación. A través de una aplicación de notas, intercambian impresiones sobre la experiencia de Pablo en la academia.
Después de un intenso día de trabajo y formación, Pablo se prepara para enfrentar el caos citadino al volante. Aunque no escucha las bocinas de los demás conductores, se mantiene atento a su entorno a través de los espejos retrovisores y las indicaciones del GPS.
