El impacto del sesgo moral en el lenguaje periodístico

El impacto del sesgo moral en el lenguaje periodístico

El autor expresa su admiración por el periodismo de El País de España y sus redacciones en América. Reflexiona sobre el sesgo moral en el lenguaje periodístico, ejemplificando cómo se etiqueta a distintos líderes políticos. Menciona que mientras Donald Trump y Javier Milei son llamados “ultraderecha”, a líderes como Nicolás Maduro o Miguel Díaz-Canel rara vez se les etiqueta como “ultraizquierda”. También critica la forma en que se clasifica a otros líderes como Nayib Bukele, Petro, Lula, y Pedro Sánchez.

Soy un fiel seguidor del periodismo de El País de España y de las historias que provienen de sus redacciones en América. Recientemente, me sumergí en las reflexiones del director sobre el criterio editorial y las palabras de sus periodistas en el Congreso de la Lengua en Arequipa. Sin embargo, me gustaría compartir una reflexión que considero importante para evitar caer en la arrogancia periodística: el sesgo moral en el lenguaje periodístico.

Incluso los medios de comunicación más respetados no escapan a este sesgo moral presente en las palabras y en los criterios editoriales que se aplican selectivamente. Es interesante observar cómo El País etiqueta a ciertos líderes políticos. Mientras Donald Trump y Javier Milei son catalogados como “ultraderecha”, líderes como Nicolás Maduro o Miguel Díaz-Canel rara vez reciben la misma etiqueta de “ultraizquierda”. También se critica la forma en que se clasifica a otros líderes como Nayib Bukele, Petro, Lula y Pedro Sánchez.

El lenguaje utilizado en las noticias no solo informa, también moldea la percepción moral de los lectores. Términos como “ultraderecha” conllevan una connotación negativa, mientras que “progresista” puede tener una implicación positiva. Este tipo de lenguaje no solo posiciona a los líderes políticos, sino que también los juzga de antemano, influyendo en la construcción de una narrativa donde la derecha se asocia con el peligro y la izquierda con la bondad.

No se trata de mala fe, sino de un reflejo de la cultura y el público al que se dirige el medio de comunicación. Tanto el periodismo progresista como el conservador tienden a juzgar desde sus propias convicciones. Sin embargo, es fundamental que los periodistas informen de manera imparcial, evitando educar moralmente a los lectores en lugar de brindarles información.

En un mundo donde la propaganda se camufla como análisis y la opinión se presenta como información, es esencial que los periodistas se abstengan de emitir juicios de valor. Su labor consiste en describir con precisión los hechos, permitiendo que sea el lector quien saque sus propias conclusiones. El periodismo requiere menos dogmatismo y más humildad en su ejercicio diario.