Los encantos ocultos de Río de Janeiro: descubre un destino más allá de playas y carnavales
Vista aérea de la ciudad de Río de Janeiro en BrasilIurii Dzivinskyi / Shutterstock
Río de Janeiro es mucho más que sus playas icónicas y su carnaval. Con una rica historia como capital colonial y sede del gobierno, la ciudad es un tesoro cultural con lugares imperdibles escondidos en sus barrios más antiguos. A pesar del caótico tráfico, explorar estos rincones vale la pena. Un lugar único en el mundo que enamora a quienes lo visitan.
Río de Janeiro, conocida como la Ciudad Maravillosa, es mucho más que sus famosas playas y su vibrante carnaval. Esta ciudad brasileña tiene una rica historia como capital colonial y sede del gobierno, lo que la convierte en un tesoro cultural con lugares imperdibles escondidos en sus barrios más antiguos. A pesar del bullicioso tráfico, explorar estos rincones vale completamente la pena, convirtiendo a Río en un lugar único que enamora a quienes la visitan.
No es solo por sus icónicas playas hacia donde todos se dirigen al llegar, sino por su variada oferta cultural que a menudo pasa desapercibida. Río es mucho más que naturaleza, mar azul, carnaval y caipirinhas. Desde su historia como capital colonial hasta su traslado como sede del gobierno, la ciudad alberga tesoros “escondidos” en sus barrios más antiguos. Aunque el tráfico pueda resultar caótico, vale la pena armarse de paciencia para descubrir estos lugares únicos e imperdibles.
Personalmente, tuve la oportunidad de vivir dos años en esta ciudad única en el mundo, la cual me conquistó y me dejó invaluables lecciones. Desde una perspectiva más positiva, contagiada por la alegría que se respira en sus calles, hasta la amabilidad de los cariocas que hacen que cada día sea más agradable. Pero, sobre todo, me impactó la convicción característica de su gente: la certeza de que, ante cualquier adversidad, siempre hay una solución, una manera de resolverlo. Al final, tudo tem um jeito.
Uno de los lugares que más me impresionó en esta ciudad sin igual es el monasterio de San Benito (São Bento), en el morro del mismo nombre. Fundado en 1590 por monjes benedictinos bahianos, se conserva como un monumento imponente del siglo XVI. Al ingresar, las paredes revestidas en oro deslumbran a cualquiera. El escritor Stefan Zweig lo describió como único en su libro “Rio de Janeiro”, destacando su originalidad y magnificencia. La visita se centra en la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat, con su arquitectura impresionante, vitrales coloridos y obras de arte religioso. La experiencia de asistir a la misa tridentina, en latín y portugués, con cantos gregorianos los domingos a las 10 de la mañana es inolvidable. Es un lugar tranquilo, un refugio de paz que llega al alma, con un mirador que ofrece vistas al puente que une Río con Niterói.
En el corazón de la ciudad se encuentra la famosa Confeitaria Colombo, un referente de la Belle Époque fundado en 1894 por inmigrantes portugueses. Recientemente elegido como uno de los cafés más bellos del mundo, conseguir una mesa en este lugar no siempre es fácil. A menudo hay que hacer fila para ingresar, pero sentarse en una de sus mesas es transportarse a la época dorada. Imaginar cómo era la vida en aquel entonces…
