Transformación de mentalidad
En la República Dominicana, la economía ha pasado de ser una de las más dinámicas de América Latina a una de las más lentas. Esto se atribuye en parte a una mentalidad errónea de los tomadores de decisiones, especialmente en cuanto al papel del Estado en el desarrollo. Los Estados que han impulsado el desarrollo económico lo han logrado a través de la construcción de infraestructura, corrección de fallas del mercado y facilitación de la actividad empresarial. Aunque el gobierno actual ha mostrado esfuerzos en este último aspecto, se destaca una confusión en el rol del Estado para promover el desarrollo productivo.
La economía de la República Dominicana ha experimentado un cambio significativo en los últimos tiempos. De ser una de las más activas en América Latina, ha pasado a ser una de las más rezagadas. Este fenómeno se atribuye, en parte, a una visión equivocada sobre el papel del Estado en el desarrollo económico.
Históricamente, los países que han logrado impulsar su crecimiento económico han seguido tres pilares fundamentales: construcción de infraestructura, corrección de fallas del mercado y fomento de la actividad empresarial. Aunque el gobierno actual ha mostrado esfuerzos en este último aspecto, se destaca una confusión en el rol del Estado para promover el desarrollo productivo.
Es crucial entender que el Estado desempeña un papel clave en el desarrollo económico. No solo debe facilitar la actividad empresarial, sino también proveer los insumos públicos necesarios para el progreso, como carreteras, hospitales, escuelas y puentes, entre otros.
En la actualidad, se observa un aumento significativo en el gasto corriente del gobierno dominicano, lo que plantea preocupaciones sobre la sostenibilidad de esta política. Mientras otros países han incrementado su gasto fiscal aprovechando el auge de sus exportaciones, en República Dominicana se ha recurrido en gran medida a la deuda para financiar dicho gasto, lo cual plantea un riesgo para la economía a largo plazo.
Además, la inversión pública ha experimentado una disminución preocupante, lo que impacta directamente en la capacidad del país para mantener y mejorar su infraestructura. Esta falta de inversión afecta la calidad de vida de los ciudadanos y la competitividad del país en el ámbito internacional.
En resumen, es fundamental que el Estado asuma un rol proactivo en el desarrollo económico, priorizando la inversión en infraestructura y en la corrección de las deficiencias del mercado. Solo a través de un enfoque integral y sostenible se podrá revertir la tendencia actual y colocar a la República Dominicana nuevamente en la senda del crecimiento y la prosperidad.
