30 años de la Fundación Eduardo León Jimenes
Una familia ejemplar en Santiago ha dejado un legado invaluable para la cultura nacional. A través de su humildad y dedicación, rescataron obras artísticas y culturales, trascendiendo fronteras y generando alegría y recuerdos imborrables. A pesar de no tener formación académica, su contribución perdura en la memoria del pueblo dominicano como grandes visionarios. Aunque no cuentan con calles en su honor, su legado cultural perdura en la ciudad.
Una familia excepcional en Santiago ha dejado un legado invaluable para la cultura nacional. A través de su humildad y dedicación, rescataron obras artísticas y culturales, trascendiendo fronteras y generando alegría y recuerdos imborrables. A pesar de no tener formación académica, su contribución perdura en la memoria del pueblo dominicano como grandes visionarios. Aunque no cuentan con calles en su honor, su legado cultural perdura en la ciudad.
Lo dieron todo por la cultura nacional. Ellos eran en sí la cultura nacional. Provocaron alegrías, sonrisas, aplausos e recuerdos imborrables. Rescataron del olvido a muchas gentes valiosas; muchas obras pictóricas, literarias, musicales, cinematográficas y teatrales trascendieron dentro y fuera del país como grandes visionarios. No eran críticos de arte, ni literatos, ni mucho menos tenían una formación cultural de orden académico. Eran gentes humildes, agricultores sencillos, personas de bien que no fueron creando fortuna “para vivir una vida mejor” sino para entregársela a su país.
Ese fue el legado de esta familia laboriosa y ejemplar que sembró en Santiago la huella de la cultura y rescató a sus auténticos valores.
No hay una calle con sus nombres. Generalmente, honores de ese tipo quedan para guerreros, próceres o figuras que han merecido realce por gobiernos y alcaldías. Pero el onomástico de cada uno no cabe en una calle. Pervive en el pueblo dominicano, en la ciudad a la que amaron y entregaron desinteresadamente lo logrado con sudor y sacrificio.
Comienzo por don José, quien jamás se consideró superior a sus hermanos, sino , dicho con sus propias palabras, fue uno de los seis granos de arena que llevaron la ciudad de Santiago de los Caballeros a su cumbre cultural. Don José León siempre sostuvo una relación estrecha con sus hermanos, que solo anhelaban dejar una huella en el país, no en favor de ellos mismos, sino de su Santiago natal al que amaron y consagraron sus mejores años. Fueron sus tertulias de melómanos (celebradas un día a la semama al terminar su trabajo) el preámbulo de lo que es hoy la Emisora “Raíces” la que “…desde 2003, lleva más de dos décadas recordándonos que la música es refugio, celebración y puente espiritual. A través de sus frecuencias radiales y medios digitales, escuchando la voz inconfundible de cada uno de nuestros locutores, miles de personas acceden a repertorios que no siempre encuentran espacio en los medios convencionales: bossa nova, jazz, merengue, bolero, música clásica, cápsulas y el programa infantil Colí Colí, donde se cuentan historias con sonido.
Otro hecho relevante lo fue “El Pabellón de Helechos María Asensio Vda. León (desde 1980), ubicado en el Jardín Botánico Nacional, es testimonio de la sensibilidad ambiental de la Fundación. Este santuario nos recuerda que la belleza de la creación no está hecha para ser dominada, para ser cuidada, estudiada y celebrada. Allí, la cultura adopta la forma de hojas, raíces y follajes verdes, enseñándonos que la patria tiene también una envoltura vegetal.
Otro aporte de la Fundación es la Gala de Ganadores del Concurso Internacional de Piano Van Cliburn (desde 1993), —una de las competencias de piano más prestigiosas del mundo-, llegó por primera vez a la República Dominicana para celebrar el 90 aniversario del Grupo. Desde entonces, cada cuatro años, la Fundación E. León Jimenes, en conjunto con la Fundación Sinfonía, traemos al país los tres …
