La lucha del pueblo iraní: entre la Yihad Global y los conflictos de las Grandes Potencias
En Irán, la caída del régimen de los ayatollahs y su revolución islámica se considera crucial estratégicamente. Esta revolución fue una respuesta a la modernización impulsada por el Sha Reza Pahlevi, que afectó la estructura económica de la religión shiita. La revolución teocrática en 1978 fue influenciada por el aumento de las ganancias petroleras a partir de 1973.
En Irán, la caída del régimen de los ayatolás y su revolución islámica se considera de una importancia estratégica sin precedentes. Esta revolución surgió como respuesta a las políticas de modernización impulsadas por el Sha Reza Pahlevi, que impactaron la estructura económica de la religión shiita. El surgimiento de la revolución teocrática en 1978 estuvo influenciado por el aumento de las ganancias petroleras a partir de 1973.
La lucha en Irán no solo es por su destino, sino que también se convierte en un enfrentamiento crucial para la humanidad. Una posible caída del régimen de los ayatolás y su revolución islámica representaría un revés estratégico de gran magnitud para contener y vencer el espíritu de la Yihad, que ha resurgido con fuerza en la Umma Islámica y la Umma Árabe desde la caída de Irán en manos de una tenebrosa revolución teocrática en 1978.
Esta revolución, como Octavio Paz explica en “Tiempos Nublados”, fue una reacción de los sectores más conservadores frente a la Revolución Blanca del Sha Reza Pahlevi, que buscaba modernizar y occidentalizar el país de manera acelerada, afectando las bases económicas de la estructura religiosa del shiismo, una religión jerárquica que desde sus inicios cultiva la mística del martirologio. Además, este acontecimiento estuvo marcado en gran medida por los efectos disruptivos de las ganancias petroleras excedentes a partir de 1973.
Se considera que la posición indecisa y poco perspicaz del Presidente Carter y su equipo contribuyeron a la caída de su principal aliado en la región, un país de gran importancia como lo es Irán. El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Andrews Youngs, llegó incluso a elogiar al Gran Ayatolá como la máxima expresión de humanismo en la región, sin percatarse de quién se convertiría en el mayor enemigo de su nación, al que llegó a denominar el Gran Satán.
El mundo presenció cómo las tropas de Estados Unidos y Francia se retiraban del Líbano tras devastadores ataques perpetrados por militantes con el espíritu de un Hezbollah en gestación, mientras Arafat y la OLP celebraban una visita triunfal a Teherán para forjar una estrecha alianza que consolidaría el liderazgo de Hamas en la estrategia de cerco del Eje de la Resistencia.
En el ámbito internacional, no se valoró adecuadamente la toma del poder por el Ayatolá Jomeini y sus seguidores fundamentalistas, que humillaron a Estados Unidos. Los líderes estadounidenses, sea por consideraciones políticas internas o por enfrentarse a la Unión Soviética, no lograron vislumbrar el peligroso fenómeno que estaban contribuyendo a fomentar y fortalecer, especialmente durante la mortífera guerra entre Irak e Irán que dio origen a los Guardianes de la Revolución Islámica en Irán.
El enfoque en convertir a Afganistán en el Vietnam ruso llevó a que la administración Reagan se negara a colaborar con los soviéticos para contener el fundamentalismo islamista, priorizando sus propios intereses a largo plazo. Este contexto explicaría el surgimiento y expansión del espíritu de la Yihad Global, que encendió…
