Creciendo en un mundo sin globalización.

Creciendo en un mundo sin globalización.

El crecimiento económico moderno ha estado ligado al comercio internacional. La República Dominicana ha prosperado gracias a zonas francas, turismo e inversión extranjera. Sin embargo, la globalización está cambiando, con tensiones geopolíticas y proteccionismo. Para un país pequeño como este, representa un desafío, ya que no tiene la escala para grandes inversiones industriales. La nostalgia no es una estrategia, como mencionó el primer ministro canadiense en Davos.

El crecimiento económico moderno ha estado estrechamente relacionado con el comercio internacional. La República Dominicana ha logrado prosperar gracias a sus zonas francas, el turismo y la inversión extranjera. Sin embargo, el panorama de la globalización está cambiando, marcado por tensiones geopolíticas y el aumento del proteccionismo. Para un país de tamaño modesto como este, enfrentar estos desafíos supone una tarea complicada, ya que carece de la escala necesaria para inversiones industriales a gran escala. Como dijo el primer ministro canadiense en Davos, aferrarse a la nostalgia no es una estrategia viable.

En el pasado artículo expliqué cómo el crecimiento económico moderno ha estado estrechamente vinculado a la apertura comercial. No fue casualidad que las economías más prósperas en las últimas siete décadas fueran aquellas que se integraron inteligentemente en el mundo. Tampoco fue coincidencia que la República Dominicana haya crecido apoyándose en zonas francas, turismo e inversión extranjera.

Pero el mundo está cambiando.

La globalización que conocíamos, con menos barreras y mayor integración, está perdiendo fuerza. Las tensiones geopolíticas, el auge del proteccionismo y la fragmentación de las cadenas globales de valor son una realidad actual. Para un país de pequeñas dimensiones como el nuestro, esto representa un desafío considerable: no tenemos la escala suficiente para justificar inversiones industriales masivas ni para desarrollar nuevos sectores por nuestra cuenta.

Como mencionó el primer ministro canadiense en Davos, “la nostalgia no es una estrategia”. No podemos diseñar el futuro dominicano anhelando un mundo que ya no existe. La pregunta relevante no es cómo recuperar el pasado, sino cómo posicionarnos en el mundo que nos espera.

Por tanto, propongo tres estrategias que el país debería contemplar con seriedad.

Primera estrategia: Apostar decididamente por la exportación de servicios.

Durante mucho tiempo se creyó que el desarrollo solo pasaba por fábricas y humo de chimeneas. Hoy sabemos que no es así.

El economista Dani Rodrik ha destacado que ciertos servicios modernos comparten características con la manufactura: generan empleos formales, aumentan la productividad y pueden insertarse en mercados internacionales. En la economía digital, el desarrollo también puede surgir desde una oficina conectada al mundo.

Los datos a nivel mundial lo corroboran. Actualmente, el comercio internacional de servicios representa el 15.2 % del PIB global, su nivel más alto en un siglo. En contraste, el comercio de bienes está siete puntos porcentuales por debajo de su pico en 2008. Mientras que el mundo se vuelve más proteccionista en bienes físicos, los servicios continúan expandiéndose.

En América Latina, ya contamos con un ejemplo exitoso en pocos años: Costa Rica. Según la CEPAL, en 2024 exportó 9,280 millones de dólares en servicios modernos, de los cuales 6,698 millones corresponden a servicios empresariales y 2,387 millones a servicios de información y telecomunicaciones. Esto no es casualidad, es el resultado de una estrategia coherente y sostenida.

La República Dominicana cuenta con condiciones similares, e incluso ventajas adicionales, como una población joven, una amplia diáspora en Estados Unidos y un dominio creciente del inglés. Decenas de miles de jóvenes dominicanos podrían ofrecer servicios de back office como contabilidad, gestión financiera, recursos humanos, tecnología de la información, así como servicios de front office de soporte técnico y atención al cliente para empresas internacionales.

Lo que falta no es talento. Lo que falta es una política pública clara para desplegar este potencial…