Reducir la jornada laboral en un país con bajo crecimiento económico: ¿una opción viable?

Reducir la jornada laboral en un país con bajo crecimiento económico: ¿una opción viable?

En República Dominicana se debate la propuesta de reducir la jornada laboral, mientras se promueve el crecimiento económico y la productividad. Se plantea la dicotomía entre la necesidad de trabajar para impulsar la economía y la importancia del bienestar de los colaboradores en un mundo cambiante.

En República Dominicana se está debatiendo una propuesta bastante interesante: reducir la jornada laboral. ¿Pero cómo lograr equilibrar esto con el impulso al crecimiento económico y la productividad? Es una dicotomía que nos invita a reflexionar sobre la importancia del bienestar de los trabajadores en un mundo que está en constante cambio.

Recientemente, ha surgido con fuerza en la opinión pública dominicana la idea de disminuir las horas de trabajo. Una propuesta moderna que trae consigo conceptos novedosos como bienestar, equilibrio entre vida laboral y personal, adaptación a tendencias globales e innovación. Todo suena genial y atractivo, pero la realidad es que vivimos en un país que aún está en desarrollo.

Resulta un tanto inquietante ver cómo, por un lado, se habla de crecimiento económico, atracción de inversiones y aumento de productividad, y por otro, se plantea la posibilidad de reducir la jornada laboral. La economía no crece mientras descansamos; crece cuando trabajamos, cuando innovamos y generamos valor.

No se trata de estar en contra del descanso o de ignorar que el trabajo remoto es una realidad. El mundo ha cambiado y las empresas responsables lo saben. Sin embargo, modernizar las formas de trabajo no es lo mismo que sugerir que la clave para el desarrollo radica en trabajar menos en un país que aún enfrenta desafíos como la informalidad laboral, la baja productividad y brechas estructurales profundas.

Hablemos con sinceridad. ¿Es nuestro mayor problema actual trabajar demasiado o producir poco? ¿Tenemos un exceso de competitividad o nos enfrentamos a desafíos como altos costos energéticos, problemas logísticos, falta de educación técnica, burocracia y altos impuestos? Para proyectarnos como economías desarrolladas, primero debemos actuar como un país en desarrollo consciente de su realidad.

La productividad no se decreta, se construye. Requiere disciplina, inversión, tecnología, formación técnica y reglas claras. Generar confianza para que el capital se arriesgue, que la industria se expanda y que el empleo formal aumente. No se logra con debates que parecen más diseñados para titulares que para soluciones reales.

Resulta contradictorio plantear la reducción de la jornada en un país donde más del 50% de la fuerza laboral es informal. ¿A quién impactará realmente esta medida? A quienes ya están dentro del sistema formal. Y ¿quién absorberá el costo? El empleador formal, quien ya afronta cargas como seguridad social, impuestos, altos costos energéticos y financiamiento costoso.

En el sector industrial, esta señal es especialmente delicada. Competimos con países que apuestan por la eficiencia, la escala, la automatización y la productividad por hora trabajada. Mientras tanto, en República Dominicana seguimos cerrando brechas básicas. ¿Realmente creemos que el mensaje correcto para los inversionistas es “trabajaremos menos” cuando lo que necesitamos es “producir más y mejor”?