EEUU busca superar el conflicto en Irán tras cuatro semanas de guerra.
El conflicto en Irán cumple un mes, tras un ataque sorpresa de EE.UU. e Israel a objetivos militares y gubernamentales con misiles y bombarderos. Se plantea la posibilidad de despliegue de tropas en el terreno y el impacto en el precio del petróleo por el cuello de botella en Ormuz.
El conflicto en Irán ha alcanzado un mes desde un ataque sorpresa de EE. UU. e Israel a objetivos militares y gubernamentales con misiles y bombarderos. Se ha planteado la posibilidad de desplegar tropas en el terreno y su impacto en el precio del petróleo debido al cuello de botella en Ormuz.
La guerra en Irán, que se esperaba sería rápida, ha entrado en su primer mes con complicaciones. Surgen dudas sobre la efectividad del arsenal estadounidense, la potencial intervención del Pentágono en el terreno y las implicaciones del estrecho de Ormuz en el aumento global del precio del petróleo.
El 28 de febrero, luego de un diálogo en Ginebra sobre el programa nuclear de Teherán, EE. UU. e Israel lanzaron un ataque sorpresa con misiles Tomahawk, bombarderos B-2, B-1 y B-52, así como cazas israelíes, contra múltiples objetivos en Irán.
En un intento de justificar el ataque preventivo, la Casa Blanca alegó una “amenaza inminente” por parte de Irán, argumentando que estaban cerca de enriquecer uranio al 90% o desarrollar una bomba atómica.
Inicialmente presentada como una operación limitada y rápida para neutralizar las capacidades militares y nucleares de Irán, la guerra se ha ido extendiendo. Trump instó a los iraníes a “tomar el control de su Gobierno” en su discurso inicial.
Irán confirmó que los ataques alcanzaron el complejo donde residía el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenéi, informando sobre su fallecimiento junto a parte de su familia.
A medida que la guerra avanzaba, con Irán respondiendo a los ataques, Trump modificaba el cronograma inicial de la operación, indicando que podría extenderse más allá de las “cuatro o cinco semanas” previstas.
Con trece militares estadounidenses fallecidos y la incertidumbre sobre la finalización de la operación, se ha generado tensión entre Washington y sus aliados de la OTAN, quienes han mostrado poco entusiasmo desde el inicio del conflicto.
