Complejidad en el fraude digital crece en América Latina
Un reciente análisis realizado por la empresa de ciberseguridad BioCatch ha puesto de manifiesto la creciente complejidad del fraude digital en América Latina. Este estudio, que abarca datos de 36 instituciones financieras que en su conjunto atienden a más de 300 millones de clientes, destaca un cambio significativo en las tácticas empleadas por los delincuentes, quienes ahora adoptan métodos más sofisticados y dinámicos.
Mientras que el phishing y el robo de credenciales continúan siendo prácticas comunes, han ganado terreno ataques más complejos que dependen de la interacción en tiempo real con las víctimas. Un cambio notable es el aumento en el uso de herramientas de acceso remoto, cuyos intentos de fraude se han quintuplicado, permitiendo a los estafadores tomar control parcial o total de los dispositivos y desafiando de este modo las medidas de seguridad convencionales.
Además, los ataques de malware han experimentado un incremento del 225 por ciento, mientras que los fraudes asociados a dispositivos robados se han disparado un 344 por ciento. Esto refleja una expansión tanto en los métodos técnicos empleados como en las oportunidades para explotación. En mercados como México, los intentos de toma de control de cuentas casi se triplicaron entre finales de 2024 y principios de 2026, superando el 300 por ciento.
Este fenómeno no es casual; responde a la dinámica en la que a medida que los sistemas de defensa avanzan, los atacantes ajustan sus estrategias. Los métodos actuales se centran cada vez más en el usuario, aprovechando técnicas de ingeniería social en tiempo real. Además, las “mulas”, o cuentas intermediarias, han visto un crecimiento del 42 por ciento en su uso, facilitando así el movimiento de dinero dentro del sistema financiero. Frente a esta realidad, algunos mercados están explorando colaboraciones entre entidades financieras para compartir información de manera coordinada en un esfuerzo por mejorar la prevención del fraude. En definitiva, el fraude digital en la región está evolucionando hacia un fenómeno más complejo y organizado.
