Aumento de las sanciones: Impacto y consecuencias
Durante el siglo XVIII, surgieron las penas privativas de libertad y las cárceles como una evolución de las antiguas penas como la muerte y castigos físicos. Sin embargo, con el tiempo se ha demostrado que la prisión no ha logrado contener la criminalidad y sigue siendo inhumana, injusta y socialmente ineficaz. Expertos como el maestro Sainz Cantero sostienen que la cárcel es un fracaso encubierto, invitando a reflexionar sobre su efectividad.
En el siglo XVIII, surgieron las penas privativas de libertad y las cárceles como una evolución de castigos más antiguos como la pena de muerte y los castigos físicos. Sin embargo, con el tiempo se ha demostrado que la prisión no ha logrado contener la criminalidad y sigue siendo inhumana, injusta y socialmente ineficaz. Expertos como el maestro Sainz Cantero sostienen que la cárcel es un fracaso encubierto, invitando a reflexionar sobre su efectividad.
La pena privativa de libertad y la cárcel como institución estatal nacieron y se extendieron durante el siglo XVIII, con entusiasmo por desplazar las penas dominantes como la pena de muerte y los castigos corporales. Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha comprobado que la cárcel ha contribuido poco a contener la criminalidad, siendo inhumana, injusta y socialmente ineficaz, tal como afirma el maestro Sainz Cantero.
La cárcel y la pena privativa de libertad son un verdadero fracaso encubierto. La inhumanidad se refleja en el aislamiento que sufre el individuo, pudiendo desarrollar traumas severos. La injusticia recae en descartar los factores sociales que provocan la delincuencia, culpando únicamente al delincuente. La ineficacia se visualiza en la falta de reducción de la delincuencia y conflictos sociales desde el siglo XVIII.
La nueva codificación penal trae consigo un catálogo de sanciones severas, a pesar de las críticas hacia la prisión y la pena. Se han establecido penas de hasta 40 años e incluso 60 años en casos de múltiples infracciones, lo cual puede resultar en un sistema que no logra la resocialización, generando un ciclo de reincidencia.
La prisión, como institución, ha demostrado ser criminógena y desocializadora, reproduciendo roles desviados y condicionando desviaciones secundarias aún más graves que las primarias. Estos efectos negativos plantean la necesidad de reevaluar el sistema penal y buscar alternativas más efectivas para la rehabilitación y la prevención del delito.
