Preocupación de la jueza Yissell Soto por el deterioro social y la corrupción
La jueza Yissell Soto, del Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Nacional, expresó su preocupación por el deterioro del sistema y la sociedad dominicana, evidenciado en las instituciones públicas. Durante el caso Antipulpo, se constató la intención de cometer actos ilícitos en diversas instituciones, lo que llevó a la conclusión de que la falta de integridad es generalizada. La jueza elogió a los fiscales por combatir la corrupción, pero lamentó la deslealtad y el deterioro moral de la sociedad, llamando a la reflexión sobre la responsabilidad de quienes trabajan en el ámbito público.
La jueza Yissell Soto, del Segundo Tribunal Colegiado del Distrito Nacional, ha levantado la voz sobre un tema que preocupa a todos los dominicanos: el deterioro del sistema y la sociedad en general. En un reciente caso judicial conocido como Antipulpo, se evidenció la intención de cometer actos ilícitos en diversas instituciones, lo que llevó a la jueza a concluir que la falta de integridad es un problema extendido en el país.
Durante su intervención, la jueza elogió el trabajo de los fiscales que luchan incansablemente contra la corrupción, pero al mismo tiempo expresó su pesar por la deslealtad y el declive moral que aqueja a la sociedad dominicana. Sus palabras invitan a una profunda reflexión sobre la responsabilidad que recae en quienes desempeñan roles en el ámbito público.
En un llamado a la conciencia, la jueza Soto recordó que es fundamental actuar con integridad y respeto hacia los demás, sin importar el cargo que se ocupe. Enfatizó que la lealtad no debe estar al servicio de intereses corruptos, sino al bienestar colectivo.
En un mensaje claro y contundente, la jueza resaltó que cada persona, desde el más humilde hasta el más poderoso, merece ser tratada con dignidad y consideración. Su postura refleja la importancia de priorizar el bien común por encima de cualquier interés individual o corrupto.
Las palabras de la jueza Yissell Soto resuenan como un recordatorio de que la lucha contra la corrupción y el deterioro moral no solo concierne a las autoridades, sino a cada ciudadano que forma parte de esta sociedad. Es un llamado a la acción, a la honestidad y a la construcción de un mejor futuro para la República Dominicana.
