El uso del absurdo como estrategia: el impacto del timerosal en las vacunas
Voltaire, filósofo del Siglo de las Luces, mencionó en su obra “Questions sur les miracles” (1765) que quien tiene derecho a hacerte absurdo, tiene derecho a hacerte injusto. Esta frase destaca la estrategia utilizada para desacreditar las vacunas, argumentando que causan problemas de salud como el autismo. Se ha sugerido que el timerosal, un compuesto con etilmercurio usado como conservante en algunas vacunas, podría ser el responsable.
Voltaire, un renombrado filósofo del Siglo de las Luces, plasmó en su obra “Questions sur les miracles” (1765) una reflexión impactante: “quien tiene derecho a hacerte absurdo, tiene derecho a hacerte injusto”. Esta frase resalta la táctica usada para desacreditar las vacunas, argumentando que causan problemas de salud como el autismo. Se ha apuntado al timerosal, un compuesto con etilmercurio utilizado como conservante en algunas vacunas, como posible culpable.
En la última línea de su obra “Questions sur les miracles” (1765), Voltaire, el filósofo del Siglo de las Luces, dejó una cita que traducida al español sería: “Ciertamente, quien tiene derecho a hacerte absurdo, tiene derecho a hacerte injusto.” Esta estrategia ha sido empleada durante años para desacreditar herramientas como las vacunas, creando la narrativa de que son la causa de otros problemas de salud. Uno de los argumentos es que las vacunas podrían ser responsables del autismo en niños, una teoría que requiere una constante alimentación de opiniones para sostenerse, como el caso del timerosal.
El timerosal es un compuesto con etilmercurio utilizado como conservante en algunas vacunas para prevenir el crecimiento de bacterias y hongos. Aunque su función principal es positiva, ha generado preocupación entre ciertos grupos antivacunas, quienes lo asocian con posibles efectos adversos en la salud, especialmente en el desarrollo neurológico de los niños.
La controversia en torno al timerosal cobró relevancia a finales de los años 90 y principios de los 2000, cuando surgieron teorías que sugerían una conexión entre este compuesto y el autismo. Estas preocupaciones se basaron en una confusión entre el etilmercurio (presente en el timerosal) y el metilmercurio, conocido por ser tóxico para el sistema nervioso. Sin embargo, estudios científicos han demostrado que el etilmercurio se elimina rápidamente del cuerpo y no se acumula como el metilmercurio.
Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) han evaluado exhaustivamente la seguridad del timerosal. Concluyen que no hay pruebas sólidas que relacionen su uso en vacunas con trastornos del desarrollo como el autismo.
A pesar de estas conclusiones, sectores antivacunas siguen abogando por la eliminación total del timerosal, incluso en vacunas donde su presencia ha sido reducida significativamente. En muchos países, las vacunas pediátricas actuales ya no contienen timerosal o lo hacen en cantidades mínimas, siguiendo recomendaciones de reguladores y buscando tranquilizar a la población.
Es importante destacar que el resurgimiento de enfermedades prevenibles como el sarampión y la tos ferina ha sido asociado con la disminución de tasas de vacunación, motivada por desinformación sobre la seguridad de las vacunas. Diversos estudios han demostrado cómo el miedo infundado hacia los componentes de las vacunas ha impactado negativamente en la salud pública, poniendo en riesgo a quienes podrían protegerse con estas medidas preventivas.
