Las declaraciones públicas de ganadores y derrotados electorales denotan que es otra la realidad dominicana.
Ominosos antecedentes, empero, conducen a la nación por nuevos rumbos políticos y sociales.
El descarado abuso de recursos estatales, es uno reiterado.
La participación de militares y policías en la política retrotrajo a la nación a épocas que se creían superadas.
El inusitado e ilegal atropello contra ciudadanos que votaban, como fue el caso de nuestro gerente general secuestrado a la salida de un recinto electoral, preceden el cambio de gobierno.
Será este un cambio de gobierno de un mismo partido, y así nos tocará vivir un país distinto.
Un país distinto al que nuestros jóvenes han vivido y padecido.
Debería ser un país distinto para mejor, pero como quiera que sea, va a ser éste un país distinto.
Otro país en el cual todavía no nos libramos de la dictadura del terror que impone la delincuencia.
Otro país sobre el cual pende cual Espada de Damocles la dictadura constitucional impuesta por el fraude electoral repetido.
Otro país, que le tocará vivir y padecer a millones de dominicanos jóvenes, habituados a la democracia y a las libertades conquistadas por el tesón y el sacrificio de generaciones pasadas.
Será otro país en el que vamos a vivir. Un país distinto, muy distante al que hemos vivido y pudimos apreciar en los últimos lustros.