A+ A A-
Marco Antonio Moreno

Marco Antonio Moreno

Magister en Economía y Diplomado en Economía Financiera. Editor de varios medios de Finanzas Internacionales.

URL del sitio web: Econometria

Desempleo, crisis y deuda pública

Martes, 14 Mayo 2013 01:51 Publicado en Econometria

El desempleo y la crisis, tal como advertíamos hace cinco años, no ha hecho más que recrudecer. La políticas han sido ineficaces para contrarrestar el letargo del ciclo económico y los planes de austeridad no han hecho más que potenciar el desastre. Por defender lo indefendible, por apelar a las políticas más burdas de una ideología que muere en el descrédito y la sin razón, tenemos lo que tenemos: el mayor nivel de desempleo de la historia y nada impedirá que se acerque al 30 por ciento hacia fin de año.

Mientras tanto, el debate sobre si la deuda pública es o no perjudicial para el crecimiento económico continúa en pleno desarrollo. En Voxeu.org se publicó ayer un interesante artículo de Ugo Panizza y Andrea Presbitero Public debt and economic growth, one more time, La deuda pública y el crecimiento económico, una vez más. Panizza y Presbitero profundizaron este tema en un documento publicado en abril de 2012 que buscaba establecer si existe o no una relación causal entre la deuda pública y el crecimiento.

A diferencia de Reinhart y Rogoff, que señalan que la existencia de una correlación negativa entre deuda y crecimiento permite establecer una relación causal directa entre deuda y crecimiento económico negativo, Panizza y Presbitero advierten que la relación deuda/crecimiento es mucho más compleja dado que existen numerosas variables que difieren de país en país y de momento en momento, que pueden llevar a diferentes resultados. Una cosa es que exista una correlación entre deuda y crecimiento pero eso no basta para inferir una relación de causalidad ni menos para especificar un umbral determinado como hacen Reinhart y Rogoff con la cifra del 90 por ciento. Además, ¿es la deuda la que frena el crecimiento, o es el débil crecimiento el que hace caer los ingresos y eleva la deuda?.

De acuerdo a los datos que aportan Minea y Parent y Baglan y Yoldas, no existe ninguna fortaleza en la estimación de ese umbral "mágico" del 90% que plantean Reinhart y Rogoff como el límite pernicioso de deuda pública que instala a un país al borde del "acantilado". La economía de Estados Unidos, amenazada constantemente de situarse al borde del "acantilado fiscal" es el más claro ejemplo: superó el año pasado el 100 por ciento de deuda pública respecto al PIB y tuvo un crecimiento en su PIB de 2,2 por ciento, bastante lejos del pronóstico de Reinhart y Rogoff de una caída de -0,1 por ciento para las economías que superaran ese umbral del 90 por ciento de deuda (ver post anterior).

Lejos de existir un acantilado fiscal que hunda aún más a la economía de un país, lo cierto es que la relación deuda y crecimiento es bastante estable a través de diferentes niveles de deuda. Aunque hay pruebas de que la deuda se correlaciona negativamente con el crecimiento, una correlación no implica causalidad. De hecho, la deuda pública de Alemania es bastante superior a la deuda pública española, y mientras Alemania crece, España (con una menor deuda pública) se hunde en el abismo. El problema es que nadie parece tomar en cuenta el problema de la deuda privada, que sí es el gran flagelo de la economía. Nunca la deuda pública genera las crisis financieras. Es la excesiva deuda privada la que causa las crisis. La inagotable creación de burbujas especulativas que desatan la euforia y el entusiasmo hasta que todo se derrumba por la oleada de pánico tras un "sinceramiento del mercado".

Hoy, Reihart y Rogoff han publicado un artículo en New York Times en el que señalan que su trabajo ha sido mal interpretado y que en rigor la causalidad va en ambas direcciones, es decir que la deuda socava el crecimiento y el lento crecimiento eleva el endeudamiento. Aseguran que nunca hicieron un llamamiento directo a la austeridad, y que eso estaba lejos del objetivo del informe dado que la austeridad no funciona sin hacer las reformas estructurales que son necesarias. Lo más importante es que señalan que no existe ninguna regla que pueda aplicarse por igual y en cualquier momento para un país o un conjunto de países. ¿Por qué entonces la Troika aplicó la receta de la austeridad a rajatabla y sin miramiento alguno para la periferia europea? Alguien deberá responder a esta pregunta que tiene a España al borde de un acantilado más peligroso que el acantilado fiscal: la eclosión social que está creando en su gente.

Las ayudas con condiciones pueden ser rentables

Viernes, 04 Enero 2013 00:00 Publicado en Econometria

Desde que estalló la crisis vimos a los gobiernos apresurándose buscando cosas que podían hacer para salvar a sus economías. Los gritos que más se oyeron fueron los de las empresas buscando salvarse del desplome económico y financiero y encontraron su mejor solución en las puertas de los ministerios. Las colas de los que pedían ayudas eran largas y muchos consiguieron lo que querían.

Hemos sido pocos los que criticamos estos procesos de salvación de empresas privadas con dinero público, en el entorno de pánico parecía que cualquier cosa era aceptable para intentar mitigar los impactos de la crisis.

Cuando he hablado de este tema, y ya es desde hace mucho, siempre exigía que, si se van a facilitar ayudas al sector privado con dinero público, estas ayudas deben ir acompañadas con condicionesy una de estas condiciones es que, ayudando a empresas, el Estado debe tomar una parte e, incluso, la totalidad del capital de la entidad rescatada de sus líos.

Ayudas con condiciones las hemos visto en algunas situaciones fuera de España, en España no recuerdo una en estos momentos. En Estados Unidos vimos varias ayudas donde el Estado tomó control de parte del capital de la empresa rescatada. Lo hicieron en el caso del fabricante de automóviles, General Motors, del banco Citigroup y también en el caso de la aseguradora AIG donde, en un momento, el Estado tenía el 92% de esta empresa.

Ya han vendido parte de las acciones que han tomado de estas empresas o recibido repago de algunas de ellas, incluyendo de Citigroup y General Motorsingresando millones a las arcas del Estado.

En este contexto, acaban de lanzar una oferta de venta de acciones (OPV) valorada en $18.000 millones, con la venta de 607 millones de acciones, que podría ser $2.700 millones más si hay mucha demanda, de una acción que ha subido 47% ese año. Unos ingresos muy interesantes para las arcas del pueblo. No sólo eso, si vendieran las 262 millones de acciones que quedan an manos del Estado, valoradas en $7.800 millones al precio de vento de esta OPVrecuperarían más que lo que gastaron para salvar a AIG.

Las ayudas de empresas privadas con dinero público debe ser lo último que se hace, no lo primero que es lo que vimos pero, si se hace, se puede hacer con condiciones y con la posibilidad de recuperar lo gastado.

Con sus ayudas al sector privado, el gobierno español no escuchó a los que exigíamos condiciones. Le faltó esta parte y le sigue faltando.

Si la velocidad de los acontecimientos está provocando enormes sorpresas no hay que pensar que se trata de acciones resolutivas sino simplemente de acciones reactivas. La cúpula, como ya lo he reiterado, se mueve a velocidad de tortuga mientras los hechos lo hacen a la velocidad del lince o la hiena. Nadie habría imaginado, hace tres o cuatro meses, que el gobierno de Rajoy terminaría siendo más socialista que el de Zapatero. Porque bastó una sola estocada para que el gobierno echara por tierra sus promesas de no intervención para que no solo rescatara a Bankia sino que además la nacionalizara en todo derecho. Algo tal vez se ha aprendido de la criticada experiencia de Argentina, que pese a luchar contra toda la corriente convencional hoy tiene elementos de sobra para enrostrar a Europa su fracaso en la integración y en la convivencia con la moneda única.

Todo este fracaso ha sido producto de un plan que no funcionó al no tomar en cuenta la alevosía intrínseca del mercado, esa que brota a flor de piel y que hoy despedaza a Europa. Los creadores de la moneda única siempre pensaron en el euro como un negocio redondo, que por ser fiel a la teoría de la oferta jamás enfrentaría dificultades. Porque tras 30 años de aplicación de la teoría de la oferta, o consenso de Washington o contrarrevolución monetarista, había dado cuenta de las ventajas de un sistema que dejó en segundo plano el problema real de la Gran Depresión: la importancia de la demanda en la economía. Fue por privilegiar a los exégetas de la oferta, que se amparan en los mercados financieros para que la hegemonía económica rinda culto al fetiche de los precios, que se olvidaron los elementos claves como el crecimiento y el empleo para llegar a un mundo sustentable y equilibrado.

 

La velocidad a que han ocurrido los hechos escapa a toda percepción imaginativa y el guiión de los acontecimientos depara aún más sorpresas. A estas alturas se hace evidente que tarde o temprano Grecia saldrá del euro y que luego seguirán en cascada otros países. Para España, la ilusión de la moneda única se ha convertido en una auténtica pesadilla por la incapacidad de abordar los desequilibrios a tiempo, y si está a la saga de Grecia es porque hizo mucho mérito para ello. Un proceso que contó con el gentil auspicio de la banca alemana, el armamento clave en el proceso de apalancamiento bancario que ayer marcó un nuevo hito con la nacionalización de uno de los grandes prestamistas españoles.

Una banca irresponsable

Hay que precisar que esta acción, con todo su colorido y rimbombancia mediática, llega tarde. De haberlo hecho el año 2008 otra historia se contaría ahora y no la infinita cadena de dolor que tiene al país al borde del despeñadero con su sistema financiero fantasma y fraudulento. Hay un dicho bastante antiguo que dice: si le debes un euro al banco el problema es tuyo; pero si le debes un millón de euros el problema es del banco. Esta analogía no es más que para recordar los miles de millones de euros que la banca prestó en forma irresponsable y que hincharon la gran burbuja que estalló cuando se hizo gigantesca y enormemente insostenible.

Toda la banca mundial debió ser nacionalizada el año 2008 porque se habría evitado que los fraudes y las ganancias ilegíitimas se perpetuaran como lo han hecho. Ese era al momento en que la licuación del mal habría generado menos daño masivo. El momento en que hasta Nicolás Sarkozy llamaba a refundar sobre bases éticas el capitalismo (septiembre de 2008). ¿Qué pasó después que hasta el propio Sarkozy olvidó que “hay un mal capitalismo y un buen capitalismo”? La culpa no es de Carla Bruni sino de Angela Merkel, quien nunca se enteró que los bancos alemanes prestaron más de la cuenta a los países de la periferia en una década de auténtico derroche que nadie pensó que podría tener fin. Cuando eso ocurría, Angela Merkel nunca dijo “ningún país puede vivir más allá de sus posibilidades”, porque habría sido inadmisible, y alentó a los bancos alemanes a prestar y ganar.

Esos años de consumo barato terminaron y ahora los bancos alemanes exigen el pago de la cuenta, chantajeando a los bancos para que estos chantajéen a los gobiernos y estos últimos expriman a los contribuyentes. Pero no se puede esperar mucho cuando hay un 25% de desempleo y las políticas de recortes apuestan a incrementarlo haciendo que el trabajo sea un bien particularmente escaso. Se olvida el primer axioma de las finanzas públicas de que para recaudar más hay que generar más empleo y no al revés.

Ahora España las verá aún más dificil y el socorro a la banca en el último minuto viene a ser como la reanimación eléctrica tras un paro cardíaco. España arriesga perder el acceso al mercado financiero externo lo que puede arrastrarla y hundir aún más los precios durante uno o dos años. Al cabo de este largo proceso deflacionario quizá se permita hacer una reestructuración de la deuda para que España se libere de la prisión en que se ha convertido la moneda única. Una prisión tan temible como Alcatraz y cuyo alcaide se llama Angela Merkel.

El Siglo 21 Ltd. Victor Garrido Puello No.21, Santo Domingo, R.D. - Tel. (809)566.0021 | info@elsiglo21.com | Copyright 2011