La guerra silenciada: Trump, cárteles y la hipocresía en América.
En una entrevista transmitida por Fox News desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump anunció que su administración considera realizar ataques terrestres contra los cárteles de la droga, incluyendo objetivos en territorio mexicano. Trump afirmó que Estados Unidos ha neutralizado en gran medida el tráfico marítimo y que es hora de golpear a los cárteles en sus operaciones. Esta declaración marca la señal más explícita hasta el momento de una posible escalada directa contra las organizaciones criminales transnacionales que operan desde México.
En una entrevista transmitida por Fox News desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump sorprendió al público al anunciar que su administración está considerando llevar a cabo ataques terrestres contra los cárteles de la droga, incluso en territorio mexicano. Trump afirmó que Estados Unidos ha logrado en gran parte neutralizar el tráfico marítimo y que es momento de atacar a los cárteles en sus operaciones en tierra. Esta declaración representa la señal más clara hasta la fecha de una posible escalada directa contra las organizaciones criminales transnacionales que operan desde México.
Al mencionar que Estados Unidos planea comenzar a “atacar en tierra” a los cárteles, Trump no está introduciendo una nueva política, sino que está verbalizando lo que muchos han evitado reconocer durante años: el narcotráfico ya no es solo un problema criminal, sino que se ha convertido en una guerra no declarada.
Durante décadas, Washington, América Latina y el Caribe han seguido un guion de simulación con declaraciones formales, cooperación técnica y planes de seguridad poco efectivos, mientras los cárteles se han transformado en estructuras armadas transnacionales con un poderío superior al de muchos Estados.
Trump rompe con esta dinámica al exponer la realidad de forma directa, sin rodeos ni diplomacia, lo que incomoda a muchos al dejar al descubierto la falta de efectividad del statu quo en esta lucha contra el narcotráfico.
La postura firme de México, liderada por la presidenta Claudia Sheinbaum, de rechazar cualquier intervención extranjera no es un acto de debilidad o negación, sino una decisión fundamentada en el conocimiento profundo de la corrupción en su propio sistema de seguridad. Declarar una guerra abierta, especialmente con apoyo extranjero, sería una afrenta a la soberanía y podría llevar al colapso institucional.
El caso de Genaro García Luna, condenado en Estados Unidos por servir a los cárteles mientras ocupaba un cargo público en México, no es un hecho aislado, sino un ejemplo de la infiltración del crimen organizado en las estructuras del Estado.
En este contexto, la negativa de Sheinbaum a la intervención extranjera no es cobardía, sino una estrategia de autodefensa política. Enfrentar economías criminales requiere, más que discursos bélicos, un control efectivo del Estado. Sin este control, cualquier escalada podría resultar catastrófica.
