Parqueadores informales: colaboradores de negocios móviles
En las calles del Distrito Nacional, los “estacionadores” informales de vehículos trabajan para ganarse la vida cuidando autos de empleados públicos, privados y visitantes. Aunque saben que las calles son públicas, consideran que su servicio vale la pena. Estas personas operan como empresas ambulantes, sin jefes ni dueños, en un sistema donde todos tienen voz. Michel Reyes, uno de ellos, se encarga de estacionar vehículos frente al Palacio del Congreso.
En las bulliciosas calles del Distrito Nacional, existe un grupo de trabajadores informales conocidos como “estacionadores”, quienes se encargan de cuidar los vehículos de empleados públicos, privados y visitantes a cambio de un pago. A pesar de que son conscientes de que las calles son de dominio público, consideran que su labor merece ser valorada. Estos individuos operan como pequeñas empresas ambulantes, sin jefes ni dueños, en un sistema donde todos tienen voz y participación. Michel Reyes, uno de estos estacionadores, se dedica a este oficio frente al Palacio del Congreso.
Estos estacionadores informales aprovechan los espacios públicos como su lugar de trabajo para ganarse el sustento diario. Aunque saben que las calles son de todos, entienden que el servicio que ofrecen al cuidar los autos tiene un valor que merece ser reconocido.
Con el pasar de los años, las calles se han transformado en un entorno donde estas personas han establecido sus propias empresas improvisadas, sin jerarquías ni propietarios, en un ambiente donde cada uno tiene su lugar y voz.
En un recorrido por diversas zonas del Distrito Nacional, periodistas identificaron a algunos de estos estacionadores que se encargan de vehículos de empleados públicos, privados, estudiantes y visitantes. Michel Reyes, quien se dedica a estacionar vehículos para empleados públicos y visitantes, fue encontrado frente al Palacio del Congreso Nacional junto a su “ayudante”, quien además de colaborar en el estacionamiento, también ayuda en el lavado de autos.
Reyes, con más de 15 años en la zona, comenzó vendiendo bebidas, pero tras ciertas circunstancias, se sumó a los estacionadores. Aunque los días pueden ser difíciles con ganancias de RD$1,200 a RD$1,500, en ocasiones con la llegada de visitantes, su bolsillo se llena un poco más.
A pesar de no tener tarifas fijas, Reyes acepta lo que los conductores le dan por sus servicios. Sin embargo, se enfrenta a conductores abusivos que no pagan, llegando incluso a desinflar las llantas de los vehículos. Ha tenido conflictos con las autoridades locales y la policía, quienes no aprueban su labor, lo que a veces resulta en su detención y posterior pago de una multa para recuperar su libertad.
En medio de su jornada, un conductor aprovechó para irse sin pagar, dejando a Reyes frustrado. A pesar de los desafíos, estos estacionadores informales continúan valorando la importancia de su trabajo en las concurridas calles de la ciudad.
