Inundaciones en Santo Domingo: Una tragedia prevenible

Inundaciones en Santo Domingo: Una tragedia prevenible

La madrugada del 8 de abril de 2026, los residentes del Residencial Rosmil en el Distrito Nacional vivieron un episodio que lamentablemente se ha vuelto demasiado familiar. Cuatro personas fueron rescatadas de una dramática situación, incluyendo a una desde el interior de una alcantarilla, tras una nueva arremetida de las aguas.

Esta situación ocurre a pesar de la reciente inversión de RD$230 millones por parte de la Alcaldía del Distrito Nacional en la construcción de 25 pozos filtrantes, obra ejecutada con la intención de evitar desastres similares a los de 2023. Sin embargo, el nivel del agua volvió a superar 1.5 metros, replicando el caos anterior. La pregunta que surge es: ¿cómo es posible que tras una inversión tan significativa, los resultados sigan siendo los mismos?

Un informe detallado de la organización Arcoíris Acción Social para el Desarrollo, titulado “Lo que no se reporta no existe”, arroja luz sobre la gestión deficiente que se realiza “a ciegas” en el territorio. La falta de pruebas de percolación, la ausencia de modelaciones hidráulicas y la inexistencia de una red colectora que descargue al mar, han convertido estas obras en soluciones ineficaces. El problema, advierte el informe, requiere un Plan Maestro de Drenaje Integral que aún no se ha implementado.

No obstante, la falta de técnica es solo una parte del problema. Existe una preocupante “brecha de reporte” que deja a miles de dominicanos en el olvido institucional. Según la plataforma GIS de Arcoíris, durante el evento de abril, 117,797 personas sufrieron inundaciones severas en zonas como Los Ríos, Manoguayabo y Herrera, sin que sus casos fueran incluidos en los boletines oficiales del Centro de Operaciones de Emergencias (COE).

Esta invisibilidad estadística es alarmante. Si no se reportan daños, el sistema asume que no ocurrió nada, dejando a estos barrios fuera de la respuesta inmediata y de futuras políticas de reducción de riesgos. Mientras el sistema oficial contabilizó apenas cinco mil desplazados a nivel nacional, los datos reales revelan que solo en Santo Domingo Oeste hay 210,000 personas viviendo en áreas propensas a inundaciones.

La tecnología para cambiar esto ya está disponible desde 2019. La herramienta Reporta.do, desarrollada por Arcoíris en colaboración con organismos internacionales, permite el reporte ciudadano georeferenciado en tiempo real. Lo que falta es voluntad política para integrar estos datos en la toma de decisiones.

La solución propuesta es sencilla y práctica: utilizar los recursos existentes, como Centros Educativos públicos y Juntas de Vecinos, para establecer nodos de reporte en cada barrio vulnerable. Con un simple taller anual y un protocolo de reporte simplificado, los datos podrían llegar en minutos a los organismos de emergencia.

Las instituciones responsables tienen la información necesaria para actuar. Ignorar los barrios vulnerables no es una cuestión de capacidad técnica, sino una decisión política. Con el próximo aguacero en el horizonte, es crucial decidir si seguiremos permitiendo que miles de ciudadanos queden invisibles ante el agua, o si finalmente adoptaremos un enfoque proactivo y preventivo.

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