La transparencia en cuestión en la cancillería dominicana
La transparencia y la honestidad en la comunicación oficial son principios que deberían regir las acciones del Estado, similar a como se espera de los individuos en su vida diaria. Sin embargo, la reciente actuación del canciller dominicano, Roberto Álvarez, ha dejado mucho que desear en este aspecto, especialmente en relación al memorando firmado con Estados Unidos sobre la recepción de deportados por parte del ICE.
En una época no tan lejana, cuando Álvarez fungía como coordinador de Participación Ciudadana, su discurso abogaba por la vigilancia y la transparencia en los actos gubernamentales. Incluso, en 2019, reclamó al entonces presidente Danilo Medina la máxima publicidad y claridad en los acuerdos internacionales. Hoy, esas palabras parecen haber quedado en el olvido frente a la opacidad con que se ha manejado el actual “memorando” y la extensión del uso de aeropuertos dominicanos por aviones estadounidenses.
La comunidad que alguna vez admiró a Álvarez por su intelecto se encuentra desconcertada al oírlo hablar de beneficios como el programa Global Entry, mientras la cuestión de fondo sigue siendo la posible afectación a la soberanía nacional. Además, la mención del apoyo a la Fuerza de Represión de Pandillas en Haití ha sido percibida como un intento de subestimar la inteligencia colectiva.
El canciller ha vinculado la recepción de deportados al Acuerdo Nacional de Terceros Países, diferenciándose del Acuerdo de Terceros Países Seguros, que el presidente Abinader rechazó. Sin embargo, las comparaciones que Álvarez establece con países como Costa Rica y Paraguay, que firmaron acuerdos de distinta índole, generan más dudas que certezas. La falta de transparencia entorpece la comprensión de los compromisos asumidos, recordando que la música suena diferente cuando se cambia de instrumento.
