República Dominicana: El desafío de la movilidad sobre dos ruedas

República Dominicana: El desafío de la movilidad sobre dos ruedas

Cada vez que nos detenemos ante un semáforo en Santo Domingo, es inevitable notar el enjambre de motocicletas zigzagueando entre los vehículos, subiendo aceras y desafiando las normas de tránsito como si fueran meras sugerencias. Esta escena cotidiana sugiere que en República Dominicana se ha normalizado una preocupante realidad: la motocicleta ha dejado de ser solo un medio de transporte, convirtiéndose en un símbolo de nuestras deficiencias estructurales.

El hecho de que más de la mitad del parque vehicular esté compuesto por motocicletas no es simplemente un dato sobre movilidad, sino una clara evidencia de un modelo urbano y económico que no ha logrado ofrecer soluciones dignas, seguras y eficientes a los ciudadanos. Pese a los discursos sobre crecimiento económico e inversión en infraestructura, el día a día del dominicano cuenta una historia distinta.

Muchos toman sus motores no por elección, sino porque el transporte público sigue siendo insuficiente, porque no pueden permitirse otro tipo de vehículo, o porque necesitan subsistir dentro de una economía cada vez más informal. La motocicleta se ha transformado en taxi, oficina móvil y herramienta de reparto, consolidando un ecosistema donde se hace indispensable.

Sin embargo, ante este auge, las respuestas del Estado parecen limitadas a campañas pasajeras sobre educación vial que poco transforman la realidad. Así, hemos aprendido a convivir con un desorden que asumimos como inevitable, viendo a motoristas sin casco, en vías contrarias o ocupando espacios peatonales. La improvisación ha superado a la planificación.

El verdadero problema trasciende la imprudencia de algunos motoristas; radica en las ciudades mal planificadas, los sistemas de transporte insuficientes y una economía informal que fuerza a muchos a tomar decisiones riesgosas. Mientras se inauguran grandes obras, la vida cotidiana sigue dependiendo de un sistema informal que refleja desigualdad y debilidad institucional. El ruido de las motocicletas nos recuerda que seguimos creciendo sin orden ni planificación adecuada.