Santo Domingo: La Urgente Necesidad de Recuperar sus Espacios Verdes

Santo Domingo: La Urgente Necesidad de Recuperar sus Espacios Verdes

Santo Domingo, una ciudad bendecida con tres ríos, un mar y 300 días de sol al año, se enfrenta a una alarmante transformación urbana. En lugar de ser la ciudad más fresca del Caribe, se ha convertido en una de las más calurosas y con altos índices de obesidad.

La expansión del cemento ha reducido drásticamente las áreas verdes. Entre 1995 y 2023, el Distrito Nacional perdió 1,450 hectáreas de árboles, disminuyendo de un 18% a un 11% de área verde por habitante. Esto contrasta con la recomendación de la OMS de 9 m² por persona, mientras que Santo Domingo apenas alcanza los 3.2 m².

La falta de árboles no solo afecta el paisaje, sino que también impacta la salud pública. La reducción de cobertura arbórea incrementa las temperaturas locales, lo que a su vez limita la actividad física al aire libre, contribuyendo a la obesidad infantil. En barrios como Los Mina y Sabana Perdida, las temperaturas superficiales alcanzan los 41-43°C.

El uso excesivo de pantallas es otra consecuencia de la falta de espacios recreativos. Según la OPS, el 78% de los niños en Latinoamérica no cumple con los 60 minutos diarios de actividad física recomendados. En el Gran Santo Domingo, el 82% de los niños pasa más de 5 horas diarias frente a pantallas.

El Río Ozama, que debería ser un pulmón verde, ha sido transformado en un muro de concreto. La Ley 64-00 exige que los primeros 30 metros de ribera sean de protección ecológica, pero la realidad es otra. Sin vegetación que filtre, las lluvias causan inundaciones y los veranos se vuelven insoportables.

Existen ejemplos exitosos en otras ciudades. Medellín y Curitiba han implementado proyectos de reforestación y espacios públicos que han mejorado significativamente su calidad de vida. En Santo Domingo, se proponen iniciativas como el Ozama Parque Lineal, la Ley de Sombra Obligatoria y el Domingo de Calle para recuperar espacios verdes.

La obesidad infantil no solo se debe a una mala alimentación, sino también a la falta de espacios seguros para jugar y ejercitarse. Es crucial que Santo Domingo recupere sus áreas verdes para asegurar un futuro saludable para sus niños. La ciudad tiene el potencial y los recursos naturales para lograrlo.