Recuerdos de la Procesión de la Virgen de La Candelaria

Recuerdos de la Procesión de la Virgen de La Candelaria

La procesión de la Virgen de La Candelaria evoca memorias de un domingo radiante, donde los niños del colegio Niño de Atocha, guiados por su maestra Dulce Minier y las directoras Doña Victoria y Doña Lesbia, se congregaron en el Parque San Carlos.

Era 1956, y con apenas ocho años, la emoción de lo desconocido nos invadía. Vestidos con uniformes de gala, mi amigo César Augusto Santana y yo compartíamos la emoción de la jornada.

Los varones llevábamos pantalones de gabardina azul marino y chacabana blanca, mientras que las niñas lucían uniformes blancos con detalles en azul marino. La banda de música de los bomberos, con sus trombones y tambores, marcaba el ritmo de la procesión.

El público se levantaba para celebrar la llegada de la música, y nosotros, llenos de alegría, apenas podíamos contenernos. La procesión no solo era un evento religioso, sino también una oportunidad para nuevas experiencias.

Recuerdo a Milagros Ulloa, mi compañera de tercer curso, quien me brindó un gesto de cariño inolvidable. Su delicadeza al tocar mi cabello dejó una impresión imborrable en mi joven corazón.

Hoy, al recordar esos momentos, agradezco la calidez de aquella experiencia. Aunque el tiempo avanza, en mi memoria, ese instante permanece eterno, como un rincón del corazón donde el reloj se detuvo.