La Economía Informal en República Dominicana: Un Desafío Persistente
La economía informal en la República Dominicana es una paradoja que ofrece tanto oportunidades de supervivencia como desafíos fiscales y sociales. Este fenómeno no es marginal, sino una parte integral del tejido productivo del país.
Para muchas familias, la informalidad es una respuesta a los bajos salarios y la falta de empleos de calidad. Sin embargo, cuando esta condición se vuelve permanente, surgen problemas con la seguridad social y el acceso al crédito formal.
Según el Banco Central, en 2025, el 54.1 % de los trabajadores dominicanos estaban en la informalidad, aunque esta cifra ha mostrado una leve disminución en los últimos años.
El empleo formal está creciendo más rápido que el informal, pero el tamaño absoluto de la informalidad sigue siendo significativo. Este fenómeno debe analizarse desde diferentes perspectivas, como el tipo de inserción laboral y el nivel de ingresos.
El ingreso promedio en el sector informal es menor que en el formal, lo que resalta la necesidad de políticas que hagan la formalización económicamente atractiva.
La economía informal representa aproximadamente el 31.1 % del PIB, según estimaciones de la OIT, lo que subraya su peso en la economía nacional.
Territorialmente, la informalidad varía, siendo más alta en zonas rurales que urbanas. Las actividades como el comercio y los servicios personales son las más vinculadas a la informalidad.
El problema no es solo tributario, sino también de productividad y educación. La informalidad transfiere riesgos económicos al individuo, afectando su seguridad social.
Desde una perspectiva fiscal, la informalidad es una base económica no totalmente integrada al sistema tributario. La solución no es solo fiscalización, sino un sistema tributario adaptado a pequeños negocios.
La estrategia debe enfocarse en una transición hacia la formalidad productiva, donde formalizarse sea una oportunidad y no un costo.
