Retiro de Pintura Dominicana Desata Controversia Cultural en EE.UU.
La remoción de una obra monumental de Kehinde Wiley de la Embajada de Estados Unidos en Santo Domingo ha generado un nuevo capítulo en la guerra cultural estadounidense. Esta decisión administrativa ha captado la atención de medios en Estados Unidos, Reino Unido, España y la República Dominicana.
La pintura, titulada ‘Young Artists After Siamesas 1960’, muestra a cuatro jóvenes artistas dominicanos sobre un fondo floral. Fue encargada en 2013 por el Departamento de Estado para su programa Art in Embassies, inspirada en la obra de los dominicanos Celeste Woss y Gilberto Hernández Ortega.
La embajadora Leah Campos compartió un video del desmontaje de la obra, cubriéndola con una lona de la bandera estadounidense, acompañado de la canción ‘We’re Not Gonna Take It’. Campos declaró que la embajada dejaba atrás ideologías globalistas para abrazar el patriotismo estadounidense.
Erin Scavino, directora de Art in Embassies, calificó la obra de ‘muy woke’ y ‘estéticamente aterradora’. El Departamento de Estado está considerando su venta. Un artículo de The New York Times cuestiona la retirada, señalando que el significado de esta acción reside más en la psicología que en la pintura misma.
El artículo no defiende complacientemente a Wiley, sino que describe su fórmula repetida de retratar a jóvenes negros en poses históricas europeas. La crítica Rachel Hunter Himes ha llamado a este estilo ‘cortesano de la era Obama’.
El ascenso de Wiley coincidió con una cultura política que veía la representación de rostros negros en el poder como progresista. Sus retratos simbolizaban una época de transformación colectiva, según el Times.
El caso se complica con acusaciones de agresión sexual contra Wiley, que él niega. Estas acusaciones, junto a su trayectoria comercial, son temas legítimos, pero no explican por qué este retrato específico sería ‘aterrador’.
El escándalo no enfrenta una obra indiscutible con censores incapaces de comprenderla, sino dos formas de convertir el arte en emblema político. La teatralización de su eliminación ha cargado la pintura con una ideología mayor que la que tenía en la pared.
