El Estado y la Delgada Línea entre Control y Coacción
El Estado moderno enfrenta una peligrosa tentación: confundir la administración con la inquisición y el poder fiscal con una potestad punitiva absoluta.
Con frecuencia, observamos cómo las herramientas de control, como las fiscalizaciones tributarias y bloqueos de plataformas digitales, se convierten en mecanismos de presión indebida.
Estas acciones desvirtúan su propósito fiscal, transformándose en penas anticipadas que afectan el pacto social y la convivencia democrática.
Esta desviación afecta el principio de legalidad y el derecho constitucional a un juicio en un plazo razonable.
La Administración tributaria, al usar medidas temporales en investigaciones penales, revela su naturaleza coactiva.
Cuando las oposiciones se extienden indefinidamente, ciudadanos y empresas quedan en un estado de zozobra e indefensión.
No se busca solo esclarecer la verdad o regularizar obligaciones, sino que se instaura una coacción que afecta el patrimonio y la tranquilidad del investigado.
La jurisprudencia constitucional insiste en que las garantías procesales no deben depender de la burocracia o negligencia investigativa.
Las medidas restrictivas deben ser proporcionales y temporales; de lo contrario, se corre el riesgo de autoritarismo institucional.
Para mantener el Estado constitucional, es esencial frenar esta deriva inquisitorial y garantizar que la tutela judicial proteja contra el abuso del poder público.
