Desafíos de la Navegación de Grandes Embarcaciones en Ríos Dominicanos
La República Dominicana, rodeada por el mar Caribe, enfrenta limitaciones significativas en la navegación fluvial de grandes embarcaciones debido a la poca profundidad de sus ríos.
Ríos como el Ozama, Haina, La Romana y San Pedro pueden recibir barcos de gran calado cerca de sus desembocaduras, pero más allá, la acumulación de sedimentos y la disminución de la profundidad impiden el paso seguro de estas embarcaciones.
El calado, que indica la profundidad necesaria para que un barco navegue sin tocar el fondo, varía según el tipo de buque y se ve afectado por factores como corrientes, mareas y sedimentación.
Según Andrés Fernández, director comercial del Puerto de Cruceros de La Romana, es crucial mantener un margen de seguridad bajo la quilla para navegar de manera segura, lo cual se complica por las condiciones naturales y humanas que alteran los cauces de los ríos.
El deterioro de los ríos se debe no solo a fenómenos climáticos, sino también a la extracción ilegal de materiales y la contaminación, lo que ha profundizado su degradación a pesar de las inversiones en proyectos de recuperación.
Ricardo Hernández, hidrólogo, señala que las características geográficas del país hacen inviable la navegación de grandes embarcaciones, ya que la mayoría de los ríos son cortos y nacen a gran altura, lo que provoca lechos inconsistentes y profundidades variables.
Durante las sequías, los niveles de agua bajan tanto que el flujo se interrumpe, mientras que en épocas de crecidas, el torrente se vuelve peligroso para la navegación.
La infraestructura necesaria para superar obstáculos topográficos, como esclusas, no existe en el país, y el alto costo de construir y mantener un canal de navegación para grandes buques es incosteable.
El capitán de navío Plinio Ramírez y el capitán de fragata Primitivo López coinciden en que, aunque la navegación fluvial es importante, la condición insular de la República Dominicana reduce el interés en desarrollar estas vías.
El río Ozama, con 148 kilómetros de longitud, ofrece más posibilidades de navegación, pero enfrenta problemas de sedimentación y basura, además de embarcaciones hundidas que representan un peligro.
El río Haina, con 86 kilómetros, permite la entrada de buques grandes solo en su desembocadura, ya que más allá la profundidad es insuficiente.
Ríos como La Romana y Higuamo permiten el acceso de embarcaciones comerciales y cruceros, pero requieren dragado constante para mantener la navegabilidad.
Entidades como el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y la Autoridad Portuaria Dominicana aún trabajan en la recopilación de datos sobre la navegabilidad de los ríos, mientras que el Ministerio de Medio Ambiente no concretó una entrevista para este reportaje.
