El Riesgo de un Estado Infiltrado por el Narcotráfico
En una entrevista con el general venezolano Herrera Betancourt, se destaca el peligro de la infiltración del narcotráfico en las instituciones del Estado. Advierte que cuando el narcotráfico se une con sectores estatales, se trata de un Estado capturado. Esta problemática, aunque parezca distante, debe tomarse en serio en el presente. Se hace un llamado a la reflexión sobre casos de corrupción y vínculos con narcotráfico de oficiales, fiscales y funcionarios gubernamentales en la República Dominicana.
En una entrevista reveladora con el general venezolano Herrera Betancourt, se aborda el serio problema de la infiltración del narcotráfico en las estructuras estatales. La alarma se enciende cuando el narcotráfico se entrelaza con sectores gubernamentales, convirtiéndose en lo que se conoce como un Estado capturado. Esta situación, aunque pueda parecer distante, debe tomarse con seriedad en el presente. Se nos invita a reflexionar sobre los casos de corrupción y los vínculos con el narcotráfico que involucran a oficiales, fiscales y funcionarios gubernamentales en la República Dominicana.
Al observar los sucesos en países como México o Venezuela, es fácil caer en la tentación de pensar que algo así nunca podría ocurrir en la República Dominicana. Sin embargo, la historia nos enseña que el narcotráfico no invade los países como una tormenta, sino que se infiltra silenciosamente como un cáncer que corroe las instituciones desde su interior.
En una entrevista con el general venezolano Herrera Betancourt, nos enfrentamos a sus palabras crudas: “cuando el narcotráfico se fusiona con sectores del Estado, ya no estamos hablando de delincuencia común, sino de un Estado capturado”. Esta advertencia, aunque pueda parecer distante, debe tomarse en serio aquí y ahora.
Si observamos a nuestro alrededor, ¿cuántos casos recientes de oficiales, fiscales o funcionarios gubernamentales vinculados a cargamentos de drogas hemos leído en los periódicos? ¿Cuántas veces hemos escuchado que un decomiso se logró debido a un “error de coordinación” con algún cartel? ¿No será que detrás de cada tonelada incautada hay diez más que han cruzado con complicidades internas?
El narcotráfico no necesita disparar un solo tiro para poner en jaque a un país, simplemente le basta con comprar voluntades, especialmente en sociedades donde las instituciones son frágiles y la corrupción es algo normalizado. El político que recibe financiamiento sospechoso en campaña, el policía que filtra información sobre un operativo, el juez que se deja tentar por un sobre, todos ellos son piezas en un ajedrez que lentamente le arrebata el poder al ciudadano.
No se trata de exagerar, aún no somos un narcoestado, pero debemos ser conscientes de que estamos en riesgo de convertirnos en uno. El peligro no se combate con discursos vacíos ni con acciones superficiales, se combate con decisiones valientes:
1. Garantizar la independencia judicial: si un caso de narcotráfico puede ser manipulado en los tribunales, entonces no hay Estado de derecho.
2. Llevar a cabo una purga exhaustiva en las fuerzas de seguridad del Estado: cambiar uniformes o líderes no es suficiente, es necesario cortar las cadenas de complicidad arraigadas desde hace años.
3. Invertir en educación y desarrollo en las comunidades: cuando el narcotráfico ofrece más dinero que un empleo formal, nuestros jóvenes optan por la respuesta fácil.
Estos tres pilares fueron fundamentales en el exitoso “Plan de Seguridad Democrática” implementado durante el período de gobierno entre 2004 y 2012.
En resumen, debemos prestar atención a las señales y actuar a tiempo para evitar que el narcotráfico tome el control. La pregunta es si como sociedad tenemos la valentía de reconocer la amenaza. No se trata solo de interceptar cargamentos, se trata de decidir si queremos un país donde el dinero sucio pueda comprarlo todo, desde un puesto en el Congreso hasta el silencio de un juez, ante la indiferencia de las autoridades.
