El impacto de no invertir en el futuro

El impacto de no invertir en el futuro

Hace dos décadas, Israel enfrentaba una crisis económica, pero ahora es reconocido como un líder en innovación tecnológica. Con alrededor de 10 millones de habitantes, ha surgido como la nación de las startups, destacando en patentes, biomedicina, ciberseguridad y energías limpias. Israel destina más del 5% de su PIB a investigación y desarrollo, lo que ha generado más de 6,000 startups tecnológicas y exportaciones millonarias. La inversión acumulada en este ecosistema supera los 33 mil millones de dólares desde el año 2000, con más del 85% de inversión privada, gracias a políticas públicas que fomentan la innovación.

Hace apenas dos décadas, Israel estaba al borde de una crisis económica que amenazaba con llevar al país a la quiebra. Sin embargo, hoy en día, es reconocido como el “milagro económico” del siglo XXI y la famosa Start-Up Nation. Con alrededor de 10 millones de habitantes, Israel se ha destacado como líder mundial en innovación tecnológica, siendo puntero en patentes, biomedicina, ciberseguridad y energías limpias.

La clave de este impresionante cambio no radica en la suerte, sino en una decisión firme del Estado: invertir en el futuro. Israel destina más del 5% de su Producto Interno Bruto (PIB) a investigación y desarrollo (I+D), lo que ha propiciado el surgimiento de más de 6,000 startups tecnológicas y exportaciones millonarias. Desde el año 2000, la inversión acumulada en este ecosistema ha superado los 33 mil millones de dólares, siendo más del 85% de esta inversión de origen privado, gracias a políticas públicas que promueven la innovación.

El resultado de esta apuesta es un país con más de 145,000 empleados dedicados a la investigación y desarrollo, y un entorno que exporta innovación en todas las áreas del conocimiento. Mientras tanto, en República Dominicana, seguimos enfocados en sectores tradicionales como la construcción, el turismo y las zonas francas, mientras el resto del mundo apuesta por el conocimiento y la innovación.

La inversión pública en República Dominicana se ha caracterizado por la politización de proyectos, baja ejecución presupuestaria y la falta de una visión estratégica, lo que refleja que seguimos aferrados al pasado en lugar de diseñar el futuro. La falta de inversión en el futuro es lo que nos mantiene en la dependencia. Países como Israel, Estonia o Singapur han entendido que invertir en conocimiento genera riqueza y soberanía.

El desafío para República Dominicana es cambiar la percepción de la inversión en innovación: no como un gasto, sino como una inversión estratégica con altos retornos sociales y económicos. Invertir en investigación y desarrollo no solo impacta en la economía, sino también en la salud pública, la educación, la creación de empleo y la soberanía tecnológica. Es momento de dejar de construir el pasado y empezar a diseñar un futuro basado en el conocimiento y la innovación.