Abinader cautiva con un discurso emotivo y variado
El Presidente Luis Abinader ofreció un extenso discurso de rendición de cuentas de casi seis años, mostrando diversas emociones, desde humor con su familia hasta indignación por la corrupción. Fue aplaudido y ovacionado en la Asamblea Nacional, con pausas por los numerosos aplausos recibidos. Destacó la espontaneidad de los aplausos, aunque en ocasiones el mandatario los indujo, como al anunciar la construcción del puerto espacial en Oviedo, Pedernales.
El Presidente Luis Abinader ofreció un extenso discurso de rendición de cuentas de casi seis años, mostrando diversas emociones, desde humor con su familia hasta indignación por la corrupción. Fue aplaudido y ovacionado en la Asamblea Nacional, con pausas por los numerosos aplausos recibidos. Destacó la espontaneidad de los aplausos, aunque en ocasiones el mandatario los indujo, como al anunciar la construcción del puerto espacial en Oviedo, Pedernales.
En su rendición de cuentas más extensa en sus casi seis años, el mandatario navegó por un mar de emociones: desde el humor cómplice con su familia hasta una enérgica indignación al tocar el tema de la corrupción, en una Asamblea Nacional que lo arropó con aplausos y ovaciones que llegaron a durar hasta más de un minuto.
Si fue el discurso más largo ofrecido por Abinader en sus años rindiendo cuentas fue, en parte, debido al público. Un conteo realizado por este medio mostró que al menos en 130 ocasiones hubo aplausos que obligaron al mandatario a tomar una breve pausa y variar el ritmo de sus palabras.
Aunque la mayoría de estos fueron aparentemente espontáneos, también el mandatario indujo a la algarabía con las palmas en distintos momentos.
Por poner ejemplos, cuando hizo el anuncio del puerto espacial en Oviedo, Pedernales, pidió aplausos para el representante extranjero que se encontraba en la Asamblea y, por su tono enérgico, provocó una ola de aplausos de al menos un minuto.
Algo similar ocurrió cuando buscó entre el público los beneficiarios de programas sociales del gobierno, quienes fueron “invitados especiales” a la ceremonia y sirvieron como una vitrina de que dichas iniciativas aparentemente están funcionando.
Más adelante, hubo al menos dos oportunidades donde un desaforado Abinader puso a prueba su tono más categórico, cargado de una inusual indignación o reclamo cuando criticó fervientemente los actos de corrupción.
“No habrá tregua, no habrá contemplaciones y no habrá marcha atrás. En este gobierno no existen intocables. No existen protegidos. No existen excusas. Nadie está por encima de la ley”, fueron parte de las declaraciones cargadas de un tono de voz elevado, enérgico y crítico del mandatario.
También en un espacio que duró cerca de 11 minutos con un clímax de euforia, entre que el público se paraba y se sentaba, ante una ráfaga continua de un Abinader que no paró hasta mencionar las principales obras que desarrolló su gobierno en todas las provincias que componen el territorio nacional.
Estas ovaciones con gritos, aplausos rápidos y ruidosos, algarabía generalizada y un público mayormente de pie, ocuparon al menos 26 momentos en todo el discurso, tomando un tiempo promedio de al menos 20 segundos cada vez que alguien decidía pararse y contagiar al colectivo.
Un aspecto distinto fue la complicidad del mandatario con sus cercanos, generando un momento distendido y ligeras risas. Esto se pudo ver desde antes de iniciar su discurso, cuando en los saludos iniciales hizo referencia especial a su suegra, quien se encontraba presente.
También, en un momento determinado, cuando hablaba de los programas sociales, específicamente los eventos de entrega de títulos de tierras, Abinader bromeó con la vicepresidenta, Raquel Peña sobre su asistencia: “No Raquel, tú no vas, voy yo”.
En un grado un poco …
