Alrededor de 300 personas asesinadas en Haití en enero de este año, informa ONG local.
En enero de 2026, al menos 299 personas fueron asesinadas en Haití, víctimas de balas o enfrentamientos, según un informe de la ONG local Orden de Defensores de los Derechos Humanos. La ONG denuncia una “explosión de secuestros” desafiando la autoridad del Estado. La coalición Viv Ansanm, responsable de un 42.81 % de las muertes, destaca entre los grupos armados que controlan el 90% de la capital haitiana. La vulnerabilidad de los civiles es preocupante, con la violencia convirtiéndose en un riesgo diario para los haitianos.
Enero de 2026 fue un mes oscuro para Haití, con al menos 299 personas perdiendo la vida en medio de balaceras y enfrentamientos, reveló un informe de la ONG local Orden de Defensores de los Derechos Humanos. La situación es desgarradora, con una “explosión de secuestros” desafiando la autoridad del Estado y sumiendo a la población en un constante peligro.
Las cifras no solo son estadísticas, son vidas truncadas que dejan familias destrozadas y un tejido social desgarrado. La coalición Viv Ansanm destaca entre los grupos armados que controlan el 90% de la capital, siendo responsables de casi la mitad de las muertes. La vulnerabilidad de los civiles es alarmante, representando más de un tercio de las víctimas, mostrando el impacto desproporcionado de la inseguridad en la población.
La industria del secuestro está en auge, paralizando a la población y desafiando la capacidad de la Policía Nacional de Haití para hacerle frente. La violencia mortal se concentra principalmente en el departamento del Oeste, donde se encuentra la capital, seguido por los departamentos del Centro y Artibonite, confirmando la extensión de la inseguridad más allá de Puerto Príncipe.
La vida humana en Haití parece haber perdido su valor sagrado, con los ciudadanos viviendo en un estado de sitio perpetuo, atrapados entre la impotencia de las autoridades y la brutalidad de los grupos armados. La incapacidad para detener los secuestros genera una sensación de abandono total, donde el Estado parece ser un mero espectador del sufrimiento de sus ciudadanos.
La magnitud de esta crisis exige una toma de conciencia inmediata tanto a nivel nacional como internacional. Es hora de dejar de observar pasivamente el sufrimiento del pueblo haitiano y actuar con solidaridad y determinación. La situación demanda una intervención diplomática efectiva, que vaya más allá de simples promesas de apoyo, para enfrentar la grave crisis humanitaria que atraviesa el país.
Este panorama sombrío nos recuerda la urgencia de unir esfuerzos y trabajar juntos para devolver la esperanza a un pueblo que merece vivir en paz y seguridad. Hagamos eco de este llamado a la acción y contribuyamos, cada uno desde nuestro lugar, a construir un futuro mejor para Haití.
