Celebración de amor: Más allá de los apellidos

Celebración de amor: Más allá de los apellidos

En mi familia, la emoción del amor está en el aire. Dos de mis hijos se preparan para dar el gran paso y, como suele suceder, el tema de conversación principal ha sido las bodas. Un pariente cercano, quizás sin intención, me lanzó una pregunta que hizo eco de viejos prejuicios: “¿Son los novios de buena familia?”. La traducción no oficial de esta interrogante es clara: ¿cuentan los futuros miembros de la familia con apellidos de prestigio y una piel más clara?

Recuerdo con claridad las palabras de mis abuelos. Mi abuela, de ascendencia española, sostenía con firmeza que la pareja ideal debía cumplir con ciertos criterios de “blancura”, mientras que mi abuelo, mulato, insistía en la importancia de “mejorar la raza”, haciendo alusión a la preferencia por características físicas más europeas. Desde el Caribe, esta perspectiva resuena tanto en tono cómico como trágico.

El concepto de “buena familia” ha estado históricamente ligado a la posesión de dinero, una apariencia física que se ajusta a ciertos estándares, y un apellido que resuene con prestigio. Sin embargo, es innegable que las enseñanzas de Trujillo siguen afectando la mentalidad dominante, promoviendo una preferencia por lo “blanco” o “indio” en detrimento de lo “negro”.

Afortunadamente, la vida se encarga de desafiar estas normas con parejas que unen sus vidas movidas por el amor y no por la herencia ni el fenotipo. Mis futuros yerno y nuera, y sus respectivas familias, son personas llenas de nobleza, sin importar si tienen un linaje reconocido. En estas bodas, brindaré por lo que realmente importa: la felicidad de mis hijos, libre de ataduras raciales o de prestigio social. Al final, lo que define una “buena familia” son el amor, el respeto y compartir una buena comida, y si eso no es suficiente, siempre está la música para alegrar cualquier fiesta.

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