De la penalización al estímulo
En la tercera década del siglo XXI, la discusión sobre el rol del Estado ya no se centra en su tamaño, sino en cómo interviene, con qué calidad institucional y su capacidad para influir en la sociedad. La economista Mariana Mazzucato propone una reformulación del rol estatal a través de la economía de misión, señalando limitaciones en el enfoque normativo y correctivo de la política pública en América Latina.
En la actualidad, se ha producido un cambio significativo en la percepción del papel del Estado en la sociedad. Ya no se trata tanto de discutir cuán grande es, sino más bien de cómo interviene, con qué calidad lo hace y cuál es su impacto en la sociedad. La economista Mariana Mazzucato propone una interesante reformulación del rol estatal a través de la economía de misión, cuestionando el enfoque tradicional de la política pública en América Latina.
En el pasado, la discusión solía centrarse en la magnitud del sector público, pero hoy en día nos encontramos analizando cómo el Estado puede influir de manera efectiva en la conducta social. Durante mucho tiempo, en América Latina, las políticas públicas se basaron en un enfoque normativo y correctivo, el cual, si bien logró avances importantes, mostró sus limitaciones al intentar modificar comportamientos arraigados en la sociedad.
Mazzucato propone una visión innovadora donde los Estados no solo corrigen fallas del mercado, sino que también son capaces de liderar misiones colectivas. Esto implica un cambio de paradigma, donde la política pública deja de ser reactiva para convertirse en un diseño proactivo del camino que la sociedad desea seguir.
La economía de misión va más allá de simples políticas sectoriales; implica alinear incentivos, capacidades institucionales y expectativas sociales en pos de un objetivo común. El éxito de una política ya no se mide únicamente por su cumplimiento legal, sino por su capacidad de transformar comportamientos arraigados. Gobernar ya no se limita a imponer normas, sino a crear entornos propicios para que las personas decidan actuar de manera diferente.
Un ejemplo concreto de esta nueva forma de abordar la política pública es la iniciativa en Santo Domingo que promueve el intercambio de residuos plásticos por juguetes y útiles escolares. Esta medida, más allá de su impacto tangible, representa un cambio en la forma en que se involucra a la ciudadanía en una misión urbana compartida: la reducción del impacto del plástico en el entorno, sin recurrir a la coerción.
En un contexto global donde la sostenibilidad se ha convertido en un factor clave de competitividad, la gestión de residuos adquiere una importancia estratégica. Para países cuya economía y reputación dependen de su entorno natural, el manejo adecuado de los desechos no es solo un tema ambiental, sino también económico y de imagen. El plástico mal gestionado puede afectar no solo el entorno local, sino también la percepción internacional del país.
Esta nueva perspectiva planteada por Mariana Mazzucato nos invita a reflexionar sobre el papel transformador que puede tener el Estado a través de políticas públicas innovadoras y orientadas a misiones colectivas. La economía de misión no solo propone un cambio en la forma de gobernar, sino que también abre un espacio para la participación activa de la ciudadanía en la construcción de un futuro más sostenible y próspero para todos.
