Desalojos en Las Lilas: El costo humano del progreso

Desalojos en Las Lilas: El costo humano del progreso

En las callejuelas de Las Lilas, ubicadas en Santo Domingo Este, el aroma de la pobreza y la incertidumbre es palpable con cada paso. El gobierno ha iniciado una campaña de desalojo para recuperar las orillas del río Ozama, marcando las viviendas con números que predestinan el futuro de cientos de familias.

El imponente río Ozama, testigo silencioso de los cambios, observa cómo los operarios de la Unidad Ejecutora para la Readecuación de Barrios y Entornos (URBE) desmantelan las primeras viviendas cercanas al agua. Aunque el objetivo es sanear el área y frenar la contaminación, el costo humano del proyecto es evidente.

Pedro Montero, residente de la zona por más de tres décadas, relata su negociación con las autoridades. Aceptó una compensación de 600 mil pesos por su casa de concreto y zinc, pero se pregunta angustiado qué puede adquirir con esa suma en la actual economía. Las conversaciones se repiten en cada esquina, donde los residentes cuestionan la suficiencia del dinero ofrecido.

Freddy Ramírez, otro afectado, denuncia que el proceso de compensación ha sido injusto. Mientras él no ha recibido nada, los inquilinos a los que alquilaba fueron indemnizados. La frustración y el miedo al futuro sin un hogar son sentimientos comunes entre quienes ven sus casas desmoronarse para dar paso a un corredor ecológico. Las autoridades defienden el plan como una necesidad medioambiental, pero para los habitantes de Las Lilas, el progreso significa desarraigo y un futuro incierto. La segunda fase del desalojo está en marcha y el temor se extiende entre los que aún conservan su hogar.

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