El dilema ético ignorado

El dilema ético ignorado

En octubre de 2023, hubo una masacre deliberada contra civiles israelíes. A pesar de que la organización responsable declaró abiertamente su objetivo de eliminar a Israel, la reacción mundial se centró en acusar al país atacado en lugar de condenar a los perpetradores. Se exigía a Israel una defensa perfecta, ignorando la brutalidad inicial. En contraste, en Irán a finales de diciembre de 2025 y especialmente el 8 y 9 de enero de 2026, el régimen iraní reprimió protestas populares de manera brutal.

En octubre de 2023, se desató una tragedia sin precedentes en Israel. A pesar de las claras intenciones de eliminar al país por parte de los perpetradores, el mundo decidió señalar y criticar a Israel en lugar de condenar a los responsables. La perfección en la defensa de Israel fue exigida, ignorando por completo la brutalidad inicial.

El mundo tiende a buscar explicaciones simples, le encantan los hashtags fáciles y los villanos de caricatura. Sin embargo, cuando la realidad se torna incómoda, la moralidad se desvanece y la hipocresía se hace presente.

En contraste, en Irán a finales de diciembre de 2025 y especialmente el 8 y 9 de enero de 2026, el régimen iraní reprimió de forma despiadada las protestas populares.

Las cifras varían, pero incluso las estimaciones más conservadoras son alarmantes. Según una investigación de Time, basada en fuentes del Ministerio de Salud iraní, se estima que podrían haber fallecido hasta 30,000 personas en tan solo dos días.

Sin embargo, detenerse únicamente en las cifras no es suficiente. Se trata de la manera en que se cometieron los crímenes y las acciones posteriores. Familiares de los manifestantes asesinados han denunciado que las autoridades retienen los cuerpos exigiendo pagos exorbitantes para poder recuperarlos.

Las tácticas utilizadas van desde obligar a las familias a afirmar que los fallecidos no eran manifestantes, sino miembros de las milicias del régimen, hasta entierros masivos forzados durante la madrugada para evitar que los funerales se conviertan en protestas.

Estamos hablando de un mecanismo de terror, donde se humilla a las víctimas incluso después de muertas. Se castiga a las familias, se borra la identidad de los fallecidos y se reescribe su historia en beneficio de los verdugos. Y en medio de todo esto, ¿dónde está la indignación global?

No vemos una movilización mundial sostenida, no hay universidades paralizadas por semanas, ni una condena organizada y persistente. Prevalece un silencio relativo. Es hora de levantar la voz y exigir justicia para aquellos que han sido brutalmente silenciados.