El impacto de la era digital en la sociedad

El impacto de la era digital en la sociedad

En la era actual, la fama digital ha surgido como una entidad global y cambiante, distinta a la gloria reservada en el pasado para dioses y héroes. Eric Sadin plantea que la posmodernidad ha marcado el fin del individualismo liberal que perduró por siglos en Occidente.

En la era actual, la fama digital ha emergido como una fuerza global y dinámica, distinta a la gloria que en tiempos pasados se reservaba para dioses y héroes. Eric Sadin plantea que la posmodernidad ha marcado el fin del individualismo liberal que ha perdurado durante siglos en Occidente.

Vivimos en una época de constante transición, de transformaciones técnicas implacables y cambios sociales acelerados. En medio del torbellino tecnológico actual, el ser humano gira alrededor de su propia gravedad, siendo arrastrado inexorablemente por ella.

La fama digital, mimética y pegajosa, capaz de fingir y presentarse como un arquetipo de virtud, ha dado a luz a una criatura global. A diferencia del pasado, donde la gloria estaba reservada para dioses, emperadores, sabios y héroes consagrados, hoy regresa de manera más provocativa, ubicua y desmesurada. Lejos de la sabiduría, la hazaña o la prosapia, puede identificarse entre una multitud diversa con una pluralidad de facetas. La fama, que solía estar ligada a rituales y proezas, se ha viralizado en una nueva generación: espontánea, hedonista y cibernética.

Eric Sadin considera que la posmodernidad ha dado fin al individualismo liberal que ha sobrevivido en el mundo occidental durante más de 200 años. Muchos sostienen que con la ruptura de esa estructura social, llegó también el desmantelamiento del Estado de Bienestar.

El comportamiento individual actual, atronador, perfila a un sujeto con una identidad social insatisfecha, presionado por el deseo de reconocimiento en un escenario ideal dentro de la civilización posmoderna. Sin embargo, la fama también tiene su lado oscuro, ya que, mientras impulsa el ego, puede borrar la empatía y poner en peligro la privacidad y la dignidad.

La generación actual, obsesionada con la fama, ha sustituido el culto al conocimiento y la reverencia justificada por la necesidad de estar conectada. La posmodernidad, con su plataforma de conectividad espectacular, ha establecido un modelo social flexible donde prevalece el relativismo de las narrativas. Este fenómeno se ha trasladado del ámbito privado al público, abarcando desde lo más trascendental hasta lo más trivial y cotidiano. En este contexto, según el filósofo Manuel Cruz, ya no hay verdad absoluta, ya que cada quien tiene su propia versión de los hechos.

En un mundo donde la atención y la aprobación virtual son moneda corriente, la tecnología se convierte en una compañera inseparable en el viaje hacia la fama. La opinión masiva y famosa tiende a reafirmar lo intrascendente, privilegiar lo inservible y desconsiderar lo valioso, desalojando al intelecto y convirtiéndolo en objeto de burla y menosprecio.

En medio de la era digital, marcada por la búsqueda constante de reconocimiento y la desvirtualización de la realidad, es esencial reflexionar sobre el impacto que la fama digital tiene en nuestras vidas y en la sociedad en general.