Influencia de la dictadura en el arte dominicano del siglo XX
En un esfuerzo por identificar a un artista dominicano involucrado en las vanguardias estéticas antes de los años cuarenta del siglo pasado, la figura de Jaime Colson destaca. Este artista absorbió diversas corrientes y experiencias en ciudades como Barcelona, Madrid, París y México entre 1918 y 1924, y su regreso al país coincidió con el final de los años treinta.
Esta búsqueda nació de la necesidad de situar a la República Dominicana en el mapa cultural de Iberoamérica, donde otras naciones ya se habían integrado a las vanguardias o desarrollado nuevos lenguajes artísticos. Mientras México avanzaba con el muralismo y Brasil con su potente movimiento pictórico, países como Argentina, Uruguay, Cuba y Haití cultivaban estilos distintivos.
El nombramiento de Pedro Henríquez Ureña como Superintendente de Educación en 1931 reflejó la comprensión de Trujillo sobre la importancia de las necesidades culturales del país. Desde ese momento, el dictador vio el arte como una herramienta de propaganda, similar a cómo Pericles lo había utilizado en la Atenas del Siglo V a.C.
A medida que se acercaban los años cuarenta, la falta de una escuela artística nacional que reflejara los movimientos vanguardistas preocupó a los asesores de Trujillo. Este periodo marcó la apertura hacia artistas europeos que escapaban del régimen nazi-fascista, buscando forjar un espíritu cultural dominicano original, libre de influencias externas de Cuba y Puerto Rico.
