La influencia de los programas de telerrealidad en la percepción de la realidad
Martha, una trabajadora del cabaret local, solía visitar la casa de la abuela del autor todas las mañanas para revisar las cuentas y hablar sobre el negocio. El cabaret era un lugar popular en la avenida donde se escuchaba bachata y la gente bailaba atendida por Martha y otras mujeres. Estas mujeres eran conocidas como “los cueros de José”.
Martha, una trabajadora del cabaret local, solía visitar la casa de la abuela del autor todas las mañanas para revisar las cuentas y hablar sobre el negocio. El cabaret era un lugar popular en la avenida donde se escuchaba bachata y la gente bailaba atendida por Martha y otras mujeres. Estas mujeres eran conocidas como “los cueros de José”.
Llamémosle Martha. Cada mañana, Martha llegaba a casa de mi abuela directamente desde el cabaret. Saludaba con entusiasmo y se reunía con José para discutir las cuentas de la noche anterior, planificar el día y responder preguntas sobre cómo había ido la noche en el negocio.
Durante un tiempo, observaba con curiosidad lo que ocurría en el cabaret. A pesar de los intentos de mi abuela por evitar que me interesara en ese mundo, era inevitable. Las noches sin electricidad eran largas y se centraban en el único lugar de la avenida donde se escuchaba bachata y la gente bailaba, todo bajo la atención de Martha y las demás mujeres que allí trabajaban.
Pronto descubrí que a Martha y a las otras mujeres se les conocía como “los cueros de José”. Aprendí que “cuero” era una forma coloquial de referirse a prostitutas. Sin embargo, estas mujeres no se parecían a las prostitutas que veía en la televisión. No llevaban vestidos llamativos ni mucho maquillaje, ni reían todo el tiempo. Eran diferentes a lo que había visto en las pantallas, más reales y complejas.
En los años 90, los reality shows se hicieron populares en Estados Unidos. La televisión por cable difundió este formato y la gente empezó a asumir lo que veía como la realidad. El término “experimento social” se usaba para analizar estos programas. Uno de los primeros que vi fue “Operación Triunfo”, y me cuestionaba si lo que veía era auténtico o una versión editada para entretener.
En el 2003, cuando se estrenó la Casa de Cristal en República Dominicana, mi interés en estos programas era mínimo. Observaba la exposición de personas encerradas, juzgadas y sometidas a retos, y me preguntaba si eso revelaba más sobre ellos o sobre quienes los miraban.
Los psicólogos cognitivos de los años 70 desarrollaron teorías basadas en la neurociencia para argumentar que la televisión puede influir en la percepción de la realidad. Estudios respaldan la idea de que lo que vemos en pantalla puede moldear nuestras creencias y comportamientos.
