La tragedia de Deivy Carlos y la indiferencia social
En la ciudad de Santiago de los Caballeros, el caso de Deivy Carlos Abreu Quezada ha dejado al descubierto una dolorosa realidad: la indiferencia que predomina en la sociedad dominicana. Abreu Quezada fue atacado por un grupo de motoristas y, en su intento desesperado por salvar su vida, se enfrentó a una fría indiferencia que terminó costándole la vida.
En su agónica huida, recorrió más de un kilómetro clamando por ayuda. Ni siquiera ante un destacamento de la policía recibió asistencia. Su búsqueda de socorro lo llevó hasta el Palacio de Justicia, donde nuevamente sus súplicas fueron ignoradas. Este trágico suceso nos lleva a cuestionar seriamente la falta de humanidad en las instituciones que deberían velar por la seguridad de los ciudadanos.
Mientras su vida se extinguía, Deivy Carlos imploraba: “no me dejen morir… me encomiendo a Dios…”, pero su llamado no fue suficiente para mover a los presentes. En lugar de actuar, muchos optaron por grabar la escena antes de llamar al 911, a pesar de que un centro de salud estaba a solo un cruce de distancia. Este doloroso descuido refleja el desprecio hacia aquellos que, como Abreu Quezada, se dedican a labores esenciales, como la recolección de basura.
Es urgente reflexionar sobre cómo las redes sociales han fomentado una cultura de la morbosidad y el espectáculo ante el sufrimiento ajeno. La sociedad debe reevaluar sus prioridades, aprendiendo a auxiliar primero y a documentar después. Las autoridades deben aplicar la justicia con rigor y urgir a los legisladores a crear leyes que obliguen a asistir a los ciudadanos en situaciones vulnerables. Es imperativo que no permitamos que la apatía siga cobrando vidas.
