La Urgencia de un Cambio Sistémico en la Protección de las Mujeres

La Urgencia de un Cambio Sistémico en la Protección de las Mujeres

El reciente asesinato de Esmeralda Moronta ha sacudido a la República Dominicana, dejando al descubierto las fallas profundas en el sistema de protección para las mujeres en el país. Aunque había buscado ayuda institucional para enfrentar el acoso de su expareja, su pedido de auxilio no evitó su trágico destino. Este caso no es solo una tragedia individual, sino un llamado de atención sobre un problema que afecta a toda la nación.

La violencia contra las mujeres en el país no puede seguir siendo vista únicamente como un conjunto de casos aislados que generan indignación momentánea. Es una crisis social, institucional y cultural que lleva décadas enraizada. Las estadísticas son alarmantes, con el país figurando entre los de mayores tasas de feminicidio en América Latina, según datos de la CEPAL. La mayoría de estos crímenes son cometidos por parejas o exparejas, precisamente en un entorno donde debería prevalecer la seguridad.

Detrás de cada cifra hay historias de dolor: hijos que quedan huérfanos, familias destrozadas, y mujeres que no fueron escuchadas a tiempo. Muchas ni siquiera denuncian por miedo o desconfianza en el sistema. Aquí es donde surge la necesidad de una reflexión importante: la violencia contra la mujer no se combate solo con castigos severos, sino con educación, prevención y una respuesta rápida y adecuada.

La Ley 24-97 fue un avance en su momento, pero el contexto actual exige más. Hoy enfrentamos nuevas formas de violencia y una sociedad marcada por la descomposición familiar y la falta de empatía. Por ello, se ha propuesto un Proyecto de Ley Integral para mejorar la prevención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres, buscando una legislación moderna y integral.

El objetivo es fortalecer la prevención y las medidas de protección, mejorar la coordinación interinstitucional y ofrecer apoyo psicológico y jurídico a las víctimas. La violencia no distingue entre clases sociales ni ubicaciones geográficas y, aunque el feminicidio es su expresión más extrema, suele haber señales previas que no deben ser ignoradas.

La República Dominicana no puede seguir actuando solo después de cada tragedia. Se requiere voluntad política, coordinación y educación desde las escuelas. La protección y dignidad de las mujeres deben ser un pilar del desarrollo del país, una deuda que aún está pendiente de saldar.