Ocupar vs. Desempeñar un Puesto: Diferencias y Significado
Marta Quéliz, editora L2, reflexiona sobre los despidos en el Estado al asumir nuevos cargos. Destaca la importancia de definir quién ocupa un puesto antes de desvincular a alguien. Reconoce la existencia de empleados que solo reciben salario, pero critica cuando se despide a colaboradores dedicados para reemplazarlos por personas menos capacitadas. Subraya la necesidad de actuar con ética al realizar cambios en las instituciones.
Marta Quéliz, editora de L2, comparte sus reflexiones sobre los despidos que suceden en el Estado cuando se producen cambios en los cargos de liderazgo. Destaca la relevancia de establecer claramente quién ocupará un puesto antes de desvincular a alguien. Marta reconoce la presencia de empleados que simplemente reciben un salario, pero critica la situación cuando se despide a colaboradores dedicados para ser reemplazados por personas menos calificadas. Hace hincapié en la necesidad de actuar con ética al realizar modificaciones en las instituciones.
Los despidos en el ámbito estatal, que suceden cada vez que una nueva persona asume un cargo importante en alguna institución, suelen generar descontento en la sociedad. Es un tema que me toca de cerca.
Sin embargo, existe un detalle al que a veces no prestamos la debida atención y que considero crucial. Se trata de definir quién ocupará un puesto y quién lo ejercerá antes de proceder con despidos.
Es bien sabido que, en el ámbito gubernamental, siempre hay empleados que solo cumplen con asistir a su trabajo para cobrar un salario. Si son estos los que son despedidos, seguramente la mayoría lo verá con buenos ojos.
Pero resulta doloroso cuando se prescinde de colaboradores comprometidos, conocedores de su área y dispuestos a dar un paso más, para ser reemplazados por personas menos preparadas que simplemente ocuparán el puesto.
Cada persona actúa según sus propias motivaciones y razones, sin embargo, resulta cuestionable despedir a individuos con conocimientos, dedicación y responsabilidad laboral para beneficiar a otros que quizás solo ocuparán un espacio sin aportar valor real.
Lamentablemente, esta práctica perjudicial se ha normalizado tanto que, con cada nuevo cambio en el liderazgo, la incertidumbre, el estrés y la ansiedad se convierten en moneda corriente. Aquellos que pierden sus empleos no solo quedan sin trabajo, sino que también ven afectada su salud mental.
Los despidos pueden desencadenar problemas de salud como depresión, ansiedad, ataques de pánico, entre otros, lo cual agrava aún más la situación.
Al observar la situación en el país con respecto a este tema, decidí explorar una ciudad donde se valora el desempeño laboral por encima de todo, especialmente durante cambios de liderazgo.
Para mi sorpresa, en ese lugar prima la importancia de tener las competencias necesarias para el puesto, desde hacer bien el trabajo hasta servir un buen café. Se ignoran por completo factores políticos, religiosos, y relaciones personales que no contribuyan al trabajo.
Los puestos se obtienen por mérito y desempeño, no por amiguismo o apariencia. Mientras hagas tu trabajo correctamente, no tienes por qué temer nada.
Independientemente de los cambios en el liderazgo, el personal de instituciones públicas y privadas es respetado. Un colaborador solo será apartado de su labor en caso de cometer una falta grave que perjudique a la entidad y a la dignidad humana, nunca por capricho o favoritismo.
Espero que algún día en la República Dominicana se valore la importancia de desempeñar un puesto en lugar de simplemente ocuparlo.
