Reflejo de la ley del más fuerte en la movilidad nacional

Reflejo de la ley del más fuerte en la movilidad nacional

En República Dominicana, la desigualdad se manifiesta en el desplazamiento y el transporte, donde los vehículos grandes imponen su poder en las carreteras, siguiendo la “ley del más fuerte”. Esta dinámica enfrenta a guaguas y camiones contra motos y autos más pequeños, reflejando una escasa inversión en infraestructura vial en áreas rurales y periféricas. Esta situación genera anomia, violencia impredecible e inequidad, que puede compararse con temas de la novela “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa.

En la República Dominicana, la desigualdad salta a la vista en el caótico mundo del desplazamiento y el transporte. Aquí, los vehículos grandes imponen su ley en las carreteras, dejando a los más pequeños a merced de su poderío. Esta batalla desigual entre guaguas, camiones, motos y autos refleja una falta de inversión en infraestructuras viales, especialmente en las zonas rurales y periféricas.

Esta dura realidad nos recuerda a las duras dinámicas de poder que se suceden en la novela “La ciudad y los perros” de Mario Vargas Llosa. En este microcosmos literario, la academia militar se convierte en un espacio donde la jerarquía brutal y deshumanizada divide a los cadetes en categorías de “perros” y superiores, creando un ambiente de violencia y abuso.

Al igual que en la novela, en las carreteras dominicanas, la fuerza y el tamaño son los que dictan las reglas, generando accidentes y caos. La falta de una supervisión efectiva y la corrupción en el mantenimiento vial crean un escenario de “anomia impredecible”, donde la impunidad institucional y la exclusión de los más vulnerables reflejan fracturas sociales más amplias.

Las diferencias de clase y la falta de inversión en vías rurales y periféricas en la República Dominicana profundizan las brechas sociales, dejando a poblaciones enteras marginadas y vulnerables. Mientras tanto, las élites urbanas disfrutan de mejores accesos y privilegios, agravando aún más la desigualdad en el país.

Es evidente que a pesar de los esfuerzos gubernamentales, las estadísticas de tragedias en las carreteras son alarmantes, mostrando cómo la brutalidad se ha normalizado en este “microcosmos vial de jerarquía”. La impunidad y la exclusión de los más débiles reflejan un sistema que premia la fuerza sobre la equidad y la justicia.

En este escenario, las autoridades actúan como figuras superiores y humillantes, imponiendo multas sin fundamentos y perpetuando la desconfianza y el descontento entre los usuarios de las vías. Las carreteras se convierten así en un reflejo crudo de una sociedad marcada por la desigualdad, la impunidad y la falta de justicia.