Reflexiones en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Reflexiones en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

En la sociedad, la violencia contra las mujeres se ha normalizado, volviéndose parte de la cotidianidad. El machismo no surge de repente, sino que crece gradualmente en el entorno familiar y social. La indiferencia hacia estos casos ha convertido la violencia en un simple dato estadístico, restándole importancia al sufrimiento de las víctimas. Además, la falta de sensibilidad de los medios de comunicación agrava esta situación al enfocarse en aspectos irrelevantes en lugar de la gravedad del problema.

En nuestra sociedad, la violencia contra las mujeres se ha vuelto algo común, integrándose en la vida diaria. El machismo no surge de la nada, sino que se desarrolla lentamente en el entorno familiar y social. La falta de sensibilidad y la indiferencia han convertido esta violencia en una mera estadística, minimizando el sufrimiento de las víctimas. Los medios de comunicación empeoran la situación al desviar la atención de la gravedad del problema hacia aspectos irrelevantes.

A veces parece que como sociedad nos hemos vuelto expertos en mirar sin realmente ver, escuchar sin oír y leer sin comprender. Cada caso de violencia contra las mujeres pasa desapercibido ante nuestros ojos, como si ya no nos conmoviera el dolor.

El machismo no se manifiesta de repente con un golpe, se gesta lentamente en el hogar, en bromas, en comentarios que parecen inofensivos y en consejos que fomentan la resignación en lugar de la libertad. Mientras más lo normalizamos, más arraigado se vuelve en nuestra sociedad.

Hemos convertido la violencia en una mera cifra, una noticia efímera. Expresamos un breve “qué pena” y seguimos con nuestras vidas (o a veces ni eso). Nos hemos acostumbrado a convivir con el horror, como si hablar de mujeres golpeadas o asesinadas fuera una historia más, cuando en realidad es una tragedia repetitiva.

Los medios, en muchas ocasiones, tampoco contribuyen a mejorar la situación. A veces nos enfocamos más en la apariencia de la víctima que en su sufrimiento. A veces buscamos sensacionalismo donde debería haber respeto. A veces escribimos sin pensar en la vida truncada que hay detrás.

Sin generalizar, es necesario reconocer que en demasiados casos de violencia, la sociedad, e incluso las familias, guardan silencio, los vecinos sospechan pero no actúan, los amigos justifican lo injustificable. Las plataformas digitales permiten que el odio crezca sin restricciones. Todos saben, pero al mismo tiempo nadie hace nada.

Creo firmemente que nuestro silencio nos convierte en cómplices y que es hora de actuar con empatía. No podemos seguir ignorando el sufrimiento ajeno solo porque no nos afecta directamente.

Sí, da miedo. Sí, nadie quiere problemas. Pero cuando se trata de la vida o la dignidad de alguien, no podemos seguir comportándonos como si no fuera nuestro problema. Quizás no podamos cambiar el sistema de un día para otro, pero sí podemos dejar de normalizar la violencia. Y eso, les aseguro, ya es un acto de resistencia.