Un Estado Serio e Inteligente
La partidocracia en República Dominicana y en muchos países de Latinoamérica y el mundo ha sido criticada por socavar los ideales de libertad y progreso asociados a la democracia. Se ha señalado que la proliferación de partidos políticos no fortalece la democracia, sino que aumenta la necesidad de recursos del Estado, que en lugar de destinarse a resolver problemas nacionales, terminan alimentando la corrupción de algunos políticos.
La partidocracia en República Dominicana y en muchos países de Latinoamérica y el mundo ha sido cuestionada por minar los valores de libertad y progreso asociados a la democracia. Se argumenta que la proliferación de partidos políticos no fortalece la democracia, sino que incrementa la demanda de recursos estatales que, en vez de usarse para atender problemas nacionales, terminan alimentando la corrupción de algunos políticos.
En República Dominicana y en gran parte de Latinoamérica y el mundo, la partidocracia ha desacreditado los ideales de libertad y progreso que se esperan de la democracia.
El surgimiento y aumento de los partidos políticos no reflejan un deseo de democracia, sino lamentablemente, se convierten en un caldo de cultivo para exprimir los recursos del estado de forma desmedida. Vivir a costa del ciudadano común, que en nuestro caso, es el pueblo dominicano.
La aprobación de nuevos partidos no fortalece la democracia, sino que aumenta la demanda de recursos estatales que son financiados a través de impuestos pagados por los contribuyentes, con la expectativa de solucionar problemas nacionales, no de alimentar a políticos corruptos, como la mayoría de los miembros de lo que ya se ha denominado como la mafia política.
Las promesas electorales se suceden, los ciudadanos votan una y otra vez, siempre por el mal menor, o por aquel que mejor simula empatía, característica común en la mayoría de candidatos que se autodenominan presidenciables.
La vergüenza y desilusión se extienden por toda la nación, y es difícil encontrar un dominicano que pueda afirmar con certeza que confía en algún político en un país que en su momento fue de Juan Pablo Duarte, pero que ahora parece pertenecer a Tousaint Louverture y traidores locales.
Los sistemas, procesos y controles se establecen para garantizar la efectividad de los servicios para los que están destinados. La gestión de entidades públicas y privadas sigue pautas similares de aprovisionamiento, pagos, producción y prestación de servicios. La necesidad de cumplir con políticas, procedimientos, regulaciones y leyes es fundamental, especialmente cuando los actores del sistema actúan con integridad y respeto ético.
No obstante, desde la perspectiva del estado y la gestión pública, las trampas son moneda corriente. Aunque se hable de procesos automatizados, los cuestionamientos persisten, ya que para los dominicanos está claro: quien hace la regla hace la trampa. Las prácticas deshonestas y corruptas en lo público no desaparecen con decretos ni buenas intenciones desde el poder.
Elito decía que la corrupción no entraba por la puerta de su despacho, pero no negaba la corrupción rampante ni la aparición de cientos de nuevos millonarios durante su mandato.
Sin embargo, de entonces a ahora, la corrupción, el endeudamiento y la pérdida de soberanía han dejado una huella indeleble en la historia reciente, especialmente en las últimas tres décadas. El deterioro moral, social, político y ético en lo público ha llevado a un colapso de las instituciones, creando…
