El Impacto Silencioso de los Accidentes Viales en la Infancia Dominicana

El Impacto Silencioso de los Accidentes Viales en la Infancia Dominicana

En la República Dominicana, la discusión sobre los accidentes de tránsito suele centrarse en las muertes, pero hay una realidad menos visible: los niños que sobreviven con secuelas permanentes. Cada año, cientos de menores enfrentan lesiones que transforman su infancia en un camino de rehabilitación y dolor.

Juanita, una niña que estaba a punto de cumplir cuatro años, vivió un cambio drástico en su vida cuando un motociclista imprudente la dejó con una amputación. El accidente ocurrió en la madrugada del primero de enero de 2024, cuando regresaba a casa con sus padres después de celebrar el Año Nuevo.

Desde entonces, Juanita ha pasado por múltiples cirugías y un proceso judicial que aún no concluye. Su familia lucha por costear los tratamientos y medicamentos necesarios para su recuperación, mientras el responsable del accidente sigue en libertad bajo fianza.

Entre 2020 y 2024, el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) reportó que 112,439 niños y jóvenes resultaron heridos en accidentes de tránsito. De estos, 9,839 eran menores de cinco años, lo que evidencia la magnitud del problema.

Las motocicletas son un factor recurrente en estos accidentes, especialmente en los casos más graves que involucran a menores. Entre 2019 y 2025, el Hospital Traumatológico Darío Contreras atendió a 33,655 niños y adolescentes involucrados en siniestros viales.

La recuperación emocional es otro desafío significativo. Los niños que sufren amputaciones traumáticas deben adaptarse a una nueva realidad física y emocional. La psicóloga Altagracia Vázquez destaca que estos menores enfrentan un duelo complejo, donde deben reconstruir su autoestima y confianza.

El proceso de rehabilitación es largo y complicado, especialmente para los niños cuyos cuerpos están en constante crecimiento. Esto implica ajustes frecuentes en las prótesis y, a menudo, reemplazos costosos que muchas familias no pueden afrontar sin ayuda externa.

A pesar de los desafíos, Juanita intenta llevar una vida normal. Asiste a la escuela y trata de integrarse con sus compañeros, aunque su madre nota que ha cambiado desde el accidente. La niña que solía ser alegre ahora es más reservada y enfrenta dificultades para participar en actividades grupales.

La historia de Juanita es un recordatorio de que los accidentes de tránsito no solo afectan a las víctimas fatales, sino que también dejan una huella duradera en los sobrevivientes y sus familias.