La Habana: Entre la Oscuridad y la Esperanza
En la actualidad, las aglomeraciones en Cuba se concentran principalmente en bancos, panaderías estatales y consulados, como el de España, donde cientos de cubanos esperan con documentos en mano para salir de la isla.
La Habana, antaño vibrante y llena de vida, ahora se encuentra sumida en la oscuridad debido a los apagones, el éxodo masivo y una profunda incertidumbre sobre su futuro.
El Malecón, que solía ser un hervidero de actividad, ahora está casi desierto, permitiendo cruzarlo sin mirar. Cada noche, las calles de La Habana Vieja se sumen en la oscuridad total, desiertas y sin electricidad.
Tras un embargo de combustible de siete meses impuesto por Estados Unidos y constantes cortes eléctricos, los habitantes bromean sobre su hartazgo de ver las estrellas.
En medio de las sombras, se percibe movimiento. Hombres delgados buscan entre la basura comida o cualquier cosa que puedan vender. Manuel Sánchez, de 50 años y enfermo de cáncer bucal, es uno de ellos. “Optamos por hurgar la basura para poder vivir”, declara.
De repente, el silencio es roto por el ruido de manifestantes golpeando cacerolas, expresando su indignación por los apagones y eludiendo a la policía.
La población de Cuba, que en 2012 superaba los 11 millones, ha disminuido significativamente. El demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos estima que ahora es de ocho millones.
La crisis actual ha transformado completamente La Habana Vieja. Los sonidos de la salsa y el son han sido reemplazados por el ruido de generadores eléctricos y música pop estadounidense.
Hace un siglo, La Habana era el destino preferido de mafiosos y turistas estadounidenses. Hoy, los turistas han desaparecido, y los restaurantes emblemáticos están cerrados.
El Floridita, famoso por su cliente Ernest Hemingway, permanece cerrado. A pocas calles, el Sloppy Joe’s también está cerrado, a pesar de haber sido restaurado por el historiador Eusebio Leal.
Irina Aguirre, quien solía leer el tarot a turistas, ahora responde a preguntas de cubanos sobre el futuro del país. “Todos queremos un mejor mañana”, asegura, aunque el futuro de Cuba es incierto.
Aguirre concluye que no hay que perder la fe, mientras recoge sus cartas de tarot y se dirige a casa antes de que la oscuridad vuelva a envolver La Habana Vieja.
