República Dominicana: Entre el Pasado y el Futuro en un Nuevo Interregno

República Dominicana: Entre el Pasado y el Futuro en un Nuevo Interregno

Hace cincuenta años, la República Dominicana enfrentó un periodo de radicalismos que amenazaban con su fracaso. Hoy, nuevas voces resurgen con un pesimismo similar, cuestionando el rumbo del país.

Antonio Gramsci describió los interregnos políticos como momentos de transición donde lo viejo muere y lo nuevo tarda en nacer, dando lugar a la incertidumbre. La República Dominicana ya vivió uno de estos momentos en las décadas de los sesenta y setenta.

En ese entonces, la izquierda proclamaba que el Estado estaba capturado por élites extranjeras y solo una revolución podía traer justicia. La derecha, por su parte, justificaba la represión para mantener el orden. Ambos extremos desconfiaban de la democracia dominicana.

Sin embargo, la historia demostró que ni la revolución ni la dictadura prevalecieron. Líderes como Balaguer, Bosch y Peña Gómez articularon un sistema político que desplazó las alternativas radicales, permitiendo el avance de la política.

En aquellos años, el país enfrentaba un alto analfabetismo y baja esperanza de vida. Hoy, la República Dominicana ha experimentado mejoras significativas en salud, educación y urbanización, aunque persisten desafíos como la pobreza y la desigualdad.

Actualmente, una narrativa conocida resurge, culpando a ‘la casta’ y a los políticos de siempre. Algunos outsiders promueven el desprecio por la preparación, sugiriendo que la falta de formación es una virtud.

Esta inversión de la realidad ignora que muchos problemas surgieron precisamente de la ausencia de mérito y del clientelismo. La transformación de una sociedad requiere estudio y preparación, algo que incluso los radicales de los setenta entendían.

Hoy, nos encontramos nuevamente en un interregno. Un modelo que trajo transformación muestra signos de agotamiento, mientras el nuevo aún no nace. Es crucial distinguir entre agotamiento y fracaso, y no confundir autenticidad con ignorancia.

La última vez que se declaró fracasada a la República Dominicana, el país demostró lo contrario. Es importante recordar esto mientras nuevos profetas del fracaso emergen en este nuevo claroscuro.