Autopista del Ámbar: Un Impulso Estratégico para el Crecimiento Económico del Norte
La cordillera Septentrional, con una altitud promedio de 600 a 800 metros, representa un desafío moderado para la ingeniería vial moderna.
La infraestructura de transporte no solo reduce tiempos de desplazamiento, sino que transforma la economía. Paul Krugman, en su obra ‘Geography and Trade’, destaca cómo la reducción de costos de transporte fomenta la concentración eficiente de empresas y trabajadores, elevando la productividad.
Douglass North, Premio Nobel de Economía, argumentaba que el desarrollo depende de instituciones que reduzcan costos de transacción. Aunque la infraestructura no es una institución en sí, es fundamental para su funcionamiento eficiente.
La Autopista del Ámbar, más que una obra de ingeniería, es un activo de productividad nacional. No es solo una vía entre Santiago y Puerto Plata, sino una integración de economías complementarias que actualmente operan por debajo de su potencial debido a la distancia.
La experiencia con la Autovía del Coral es un ejemplo claro. Desde su inauguración en 2012, ha transformado la dinámica territorial entre Santo Domingo y Punta Cana, multiplicando la población y la inversión privada en la región.
El Gran Santiago es un centro industrial y comercial clave, mientras que Puerto Plata es un polo turístico en crecimiento. Conectarlas adecuadamente podría potenciar sus economías.
La infraestructura es crucial para economías pequeñas y abiertas como la dominicana, donde el turismo y las exportaciones son motores de crecimiento. La conectividad reduce costos y mejora la competitividad.
La discusión sobre la Autopista del Ámbar debe enfocarse en su capacidad para incrementar la productividad y transformar la geografía económica del norte del país.
La inversión en infraestructura pública es un determinante significativo de la productividad privada. Proyectos de transporte integran mercados y facilitan economías de aglomeración.
La Autopista del Ámbar es una inversión estratégica que puede expandir la frontera productiva de la República Dominicana, atrayendo inversión privada y generando empleos.
La infraestructura no cambia el destino de una nación por sí sola, pero es esencial para lograrlo. A veces, una sola carretera puede cambiar la historia económica de una región.
