Cruzar el Ozama: Un Viaje en Yola en Pleno Siglo XXI

Cruzar el Ozama: Un Viaje en Yola en Pleno Siglo XXI

En un mundo que avanza hacia la inteligencia artificial y la exploración espacial, en las orillas del río Ozama, el tiempo parece haberse detenido. En un sector marginado de Santo Domingo, decenas de personas cruzan diariamente las aguas en yola, como si el progreso hubiera pasado de largo.

El río Ozama, otrora cristalino, refleja hoy los estragos de años de contaminación. Cerca del puente de La 17, Ramón Acosta, un dirigente comunitario del barrio Las Lilas, explica que el cruce en yola sigue siendo vital para la economía local.

Aún en tiempos de transporte integrado y tecnología avanzada, muchos dependen del Ozama para transportar productos y pasajeros. “Hay vendedores ambulantes y personas que trabajan de un lado y otro del río”, comenta Acosta.

Los yoleros se organizan en una especie de asociación, donde adultos con hasta 40 años en el oficio se turnan para trabajar. Acosta señala que “los jóvenes de ahora no quieren hacer nada”, lo que mantiene a los veteranos en el oficio.

Buki, un yolero con más de seis décadas de experiencia, cobra 30 pesos por cruzar a los residentes. A pesar de las inversiones en el Teleférico y el Metro de Santo Domingo, los pasajeros siguen optando por sus servicios.

La embarcación de Buki, aunque vieja y desgastada, sigue siendo el medio de transporte para muchos. “Aquí tengo desde los 13 años”, dice con orgullo, reflejando una vida de trabajo duro.

A pesar de la insalubridad y la contaminación del río, los yoleros mantienen el buen humor. Para ellos, la pobreza no significa tristeza. Mientras esperan pasajeros, las risas llenan el ambiente.

Claudia, una joven madre, también utiliza la yola para cruzar con su hija. “Mi papá era yolero aquí”, comenta, mostrando cómo esta tradición se mantiene viva entre generaciones.