La Evolución de las Estadísticas Financieras Internacionales tras la Gran Recesión
La Gran Recesión de 2008-2009 reveló una preocupante falta de información estadística en áreas críticas para evaluar riesgos financieros. Las autoridades contaban con datos sobre bancos y mercados, pero carecían de información integrada y oportuna sobre las conexiones entre instituciones, países y mercados.
La crisis demostró que no bastaba con conocer el crédito otorgado por los bancos o la deuda pública de un país. Era esencial entender quién financiaba a quién, en qué moneda y con qué grado de interconexión. También era crucial identificar los riesgos fuera del sistema bancario tradicional.
El problema no era solo la falta de estadísticas, sino también cómo se producían y compartían. Las estadísticas financieras estaban dispersas entre bancos centrales y organismos reguladores, con metodologías que dificultaban comparaciones rápidas entre países.
La experiencia enseñó que una economía globalizada necesita estadísticas igualmente globalizadas. Las instituciones financieras operan internacionalmente, y la información para supervisarlas no puede limitarse a fronteras nacionales.
Antes de 2008, el crédito se expandió notablemente, especialmente en mercados inmobiliarios y financieros. Sin embargo, muchos riesgos estaban distribuidos entre bancos y otras instituciones que no siempre aparecían claramente en las estadísticas tradicionales.
El financiamiento mediante instrumentos del mercado permitió a numerosos agentes asumir grandes posiciones con poco capital propio. Esto se agravó con el aumento del financiamiento a corto plazo para adquirir activos a largo plazo, generando un desajuste entre activos y pasivos.
La falta de confianza llevó a una corrida financiera que afectó no solo a depositantes bancarios, sino también a mercados mayoristas. La información disponible no permitió prever la dimensión de estas interconexiones.
La crisis subrayó la necesidad de información sobre redes financieras internacionales. Una institución podía parecer sólida a nivel nacional, pero estar expuesta a otros mercados o países.
La supervisión moderna requiere conocer las relaciones entre bancos, fondos de inversión, aseguradoras y gobiernos. Los derivados financieros, acuerdos de recompra y operaciones intragrupo son esenciales para evaluar el riesgo.
La información sobre derivados es crucial, ya que pueden generar exposiciones superiores al valor inicial. No basta con conocer el valor contable; es necesario identificar exposiciones brutas y netas, garantías y contrapartes.
En respuesta a estas deficiencias, el G20 lanzó la Iniciativa de Brechas de Datos en 2009, con recomendaciones para mejorar la información sobre riesgos financieros y macroeconómicos. La segunda fase buscó establecer estadísticas regulares y de mayor calidad.
La transformación del sistema financiero obliga a ampliar la frontera estadística. La intermediación financiera no bancaria ha crecido significativamente, representando una parte considerable de los activos financieros mundiales.
Las estadísticas del BIS muestran la magnitud de la banca internacional, con posiciones transfronterizas que alcanzaron US$46 billones en 2025. Esto demuestra que la estadística financiera no puede limitarse a balances nacionales.
Para economías como la República Dominicana, esta información es vital. Cambios en tasas de interés internacionales o en el valor del dólar pueden afectar rápidamente a la economía nacional.
La nueva generación de estadísticas financieras debe abordar no solo los problemas de 2008, sino también nuevas necesidades derivadas del cambio climático, la transformación tecnológica y la innovación financiera.
El FMI y el FSB han concluido la segunda fase de la iniciativa, reconociendo avances en cobertura y calidad, pero subrayando la necesidad de seguir cerrando brechas.
El desafío actual es construir una infraestructura estadística que anticipe los riesgos de la economía mundial del futuro. Para la República Dominicana, esto es crucial debido a su dependencia del comercio exterior y los flujos financieros internacionales.
Mejores estadísticas no garantizan mejores decisiones. Los datos son herramientas cuyo valor depende de la calidad de su recolección y de la capacidad de las autoridades para interpretarlos y actuar.
La nueva data financiera debe iluminar el futuro, permitiendo anticipar vulnerabilidades económicas, sociales y ambientales.
