La Industria Cultural: Pilar Estratégico para la Identidad Nacional
En el mundo actual, nuestros hijos crecen rodeados de una diversidad cultural sin precedentes. Ya no solo consumen producciones norteamericanas, sino que también están expuestos a contenidos de Japón, Corea, Europa, Rusia y Latinoamérica.
Esta diversidad es una ventaja, ya que les permite conocer el mundo. Sin embargo, surge una pregunta crucial: ¿qué estamos ofreciendo nosotros como país en este escenario global?
En el pasado, la República Dominicana producía sus propios referentes culturales. Figuras como Jack Veneno, Freddy Beras Goico, y músicos como Juan Luis Guerra y Johnny Ventura, eran íconos que unían generaciones.
Programas como Sábado Chiquito y La Pinky eran parte de nuestra identidad cultural, entreteniendo mientras nos conectaban con nuestras raíces.
Hoy en día, es difícil identificar quiénes son los héroes dominicanos que capturan la imaginación de nuestros niños. Aunque existen esfuerzos valiosos como Trinitarios y La Familia Espejo, son excepciones en un ecosistema que lucha por competir a gran escala.
La identidad nacional no se construye solo con leyes y fronteras. Necesita relatos, héroes y símbolos que nos unan como pueblo. Juan Pablo Duarte lo entendió hace casi dos siglos, utilizando el teatro para transmitir ideas de libertad y dominicanidad.
En la actualidad, el escenario ha cambiado. Las plataformas digitales como YouTube, TikTok y Netflix son los nuevos medios donde nuestros niños descubren héroes y valores.
No necesitamos que un ministerio cree un superhéroe dominicano. Necesitamos entender la industria cultural como una estrategia de nación, apoyando a nuestros creadores para que puedan competir por la atención de las nuevas generaciones.
Mientras defendemos nuestras fronteras físicas, debemos prestar atención a la frontera cultural. Nuestros héroes deportivos llevan nuestra bandera con orgullo, pero no pueden ser los únicos en mantener viva la emoción de ser dominicanos.
Duarte sabía que antes de construir un Estado, había que construir una conciencia. Hoy, la necesidad de fortalecer nuestra identidad cultural sigue siendo vital.
